lunes, mayo 17, 2010

El Financiamiento del transantiago sí tiene solución.

El financiamiento del Transantiago sí tiene solución!... con pequeños ajustes legales aplicables solo a la Región Metropolitana podríamos viajar sin las pérdidas millonarias que implica la "evasión" del sistema, y los honestos no tendríamos que financiar el viaje de los #careraja que gustan de no pagar en el sistema. ¿Cómo se hace eso?
Bien, debería aplicarse un sistema muy parecido al antiguo sistema de pensiones en Chile (antes de las AFP) donde los económicamente activos financian el sistema en cooperación con el Estado. Así se hace un ESTADO SOLIDARIO!.
A cada trabajador de la RM se le aplica un descuento legal de entre un 10% a un 12% de su sueldo base (considerado como entre $16.000 y $20.000 si todos los trabajadores de la RM ganaran el sueldo mínimo, lo que en realidad es un cálculo pesimista. Estos $20.000 es la suma que mesual y efectivamente gastaría un trabajador cualquiera en locomoción colectiva por lo que no es un aumento de sus costos sino la administración preventiva de ellos).
Este descuento legal implicaría un aporte millonario si se multiplica esa suma menor por los aproximadamente 4.000.000 de trabajadores económicamente activos en la RM (Fuente INE dice que en 2007 había 5.166.000 trabajadores, pero es preferible hacer estimaciones menores para que el cálculo sea sostenible).
Sobre esa base estimamos que el nuevo sistema aportaría US$149.720.210 dólares mensuales! (sobre la base de dolar al valor de hoy $534,33), es decir al año, si estimamos que todos los trabajadores de la RM ganan solo el mínimo, aportarían US$1.796.642.524.-
Si ese cálculo lo oponemos o lo comparamos al presupuesto óptimo para abordar el Transantiago que implica US$650 Millones aportados por el Estado más US$500 Millones estimados en ganancia por pasajes, nos damos cuenta que sobraría plata!!.
Qué habría como contraprestación? Transantiago gratis para todos, las veces que queramos y los días que queramos, para nosotros como trabajadores, para mis padres, mis abuelos , mis hijos, etc.
El estado NO gastaría US$650 Millones y solo destinaría US$50 millones en administrar, fiscalizar y controlar la red de servicios. Negocio para todos, los trabajadores pagarían lo que siempre han debido pagar a cambio que ande gratis toda su familia. Qué pasa con los independientes que no cotizan? a ellos se les descuenta presuntivamente sobre la base de sus declaraciones de Renta o Global complementario.
Qué pasa con los que ganan más? pagan más por concepto de transporte, pero desinsentiva el uso de vehículos particulares y redistribuye, indirectamente, el ingreso nacional.
Alguna duda?, pongamos a prueba el sistema?, me púedo equivocar en las estadísticas sin embargo, aunque la cantidad de trabajadores activos en RM fueran menos, siempre queda a salvo el aporte estatal que, de todas formas, va a ser menos que lo que actualmente se aporta.
A comentar, me gutaría que esta idea tomara forma, puede no ser perfecta pero se puede aún mejorar... (hagamos patria ciudadanos!)

martes, marzo 18, 2008

Textos de un Ropero Olvidado I

Llegué a Talca a trabajar hace seis meses, y para vivir arrendé de ocasión una casa vieja que se encuentra alejada del centro de la ciudad. Estaba limpia, pero sin habitar hacía tiempo, despintada, con el jardín maltrecho y el patio con unos frutales medios secos.
Tenía algunos muebles viejos que, si quería podría botarlos tal como me dijo el corredor. Entre ellos un viejo ropero...
Al revisarlo en su interior tenía dos cajas, una con adornos de navidad, loza barata, y fotos antiguas y la otra, más grande, con dieciséis cuadernillos forrados en papel verde musgo y con flores secas en su portada, salvo el último, llenos en manuscrito, numerados y fechados, comenzando en el número 23 y terminando en el número 38; un auténtico diario de vida donde alguien dejó impresas sus experiencias y que, sin embargo, olvidó, o abandonó por alguna razón.
Llamé al corredor para devolver lo encontrado y me señaló que al dueño de la casa no le interesaban esas cosas, porque no eran de él sino de la anterior arrendataria, quien habría fallecido hacía 3 años.
Entonces los asumí como míos, los leí, guardé y disfruté de sus textos durante los siguientes dos meses. De él transcribiré una sucesión de hechos que ubicaré en el mismo orden en el que los fui descubriendo.
A continuación lo que encontré en sus últimas páginas:
Lunes 21: A veces, cuando me mira a los ojos, siento que aún no ha olvidado lo que le hice.Aunque su cama está al lado de la mía, a veces, cuando suspira, parece que quisiera estar en otro lado pues su resoplo suena a tristeza, o a resignación frente un destino ya decidido.
Jueves 24: Hoy desperté a media mañana, y me percaté que se había acostado a mi lado, me pareció que tenía pesadillas, temor, tristeza..., mucha tristeza. En silencio lloré, tratando de no despertarlo. A medida que ha pasado el tiempo, y esta enfermedad ha avanzado, me siento mas sensible, las penas y culpas de otros tiempos se están haciendo presente.
Sábado 26: Me cuesta creer que él, de alguna forma, sepa o presienta que estoy en estado terminal. Sin embargo, desde que se declaró esta infernal enfermedad, él, en silencio y sin aún saberlo, esta más cerca mío. Ya no me pide el cariño que antes me exigía, sin embargo está constantemente pendiente de lo que hago, dónde voy y donde me quedo.
Martes 29: Mis pulmones ya no dan más, si me muevo un poco me duele toda la espalda. Pero eso es obvio en esta enfermedad, lo más triste es que hoy, cuando me cambié de lado en la cama, emití un pequeño quejido, y él llegó raudo a mi habitación, me cuestionó con la mirada, y como no le dije nada, se dio media vuelta y salió de la habitación. Está pendiente hasta de mis quejidos, pero su mirada me afecta, no sé si es pena por lo que le hice o rabia o ambas. Queda claro que no es pena por mi inevitable muerte, no tiene como saberlo.
Viernes 1: Hace dos noches que en silencio revisa la casa antes de acostarse y en silencio se levanta temprano en la mañana, come algo y sale al jardín un rato. Ya no espera a que yo me levante como antes, cuando juntos flojeábamos hasta tarde en los días que yo no trabajaba. Ya no se despide cada noche antes de dormir como lo hacía antes. Ya no me saluda cada mañana como si hubiese vuelto de un gran viaje...
Sábado 2: Hoy cociné albóndigas, que sé que le encantan, y mientras comíamos, él, como siempre terminó primero que yo, luego de eso se fue a su sillón favorito y no me quitó los ojos de encima hasta que me levanté de la mesa. Cuando lo hice, rápidamente se acercó, pero yo ya estaba de pié, me miró nuevamente y volvió al sillón.Su mirada me quema, como si me increpara por lo que le hice aquella vez. Me mira como esperando que le diga algo, como enjuiciándome... No necesito otro juicio, me basta con el que tendré después de muerta...
Martes 5: Hoy recibí carta de Elena desde Constitución, me cuenta que ha estado con dolores de huesos, que el invierno arrecia y que ha escaseado la leña, por lo que pasa casi todo el día acostada tratando de calentar sus pies, que se enfrían muy seguido. También me contó que Emilio vino para su cumpleaños y que la llevó a pasear a Quivolgo donde alojaron el fin de semana, lejos del barro de su casa.
Miércoles 6: La carta de Elena me tuvo con pena todo el día, siempre tan oportuna por naturaleza, o inoportuna a propósito en sus comentarios. Me tenía que hablar de Quivolgo, me duele mucho revivir esos días, y no tengo fuerzas para llorar como debería, para abrazar al David como antes y pedirle perdón aunque no me entienda, es obvio que no me va a entender, pero necesito hacerlo.
Sábado 9: Por fin salí de esa fiebre que me tuvo botada durante dos días... David se alegró de nuevo al verme levantada, no sé que habrá comido en estos días. Dudo que vuelva a sentirme con tanto ánimo como hoy, por eso maté el ultimo pollo que me quedaba y me comí una gran cazuela. Por supuesto el mas feliz era él, que no dejó ni los huesos. Aún así su mirada, pese a su actitud, refleja tristeza.
Domingo 10: No he parado de pensar que cada día que pasa estoy más cerca del adiós definitivo, no he sido mala en mi vida, eso creo, y al único que me toca pedirle perdón es al David, me da tanta pena dejarlo solo, qué va a ser de él. Me mira como esperando una explicación. Cuando volvió aquella vez, solo le abrí la puerta y le di un plato de comida, ni siquiera me percaté de lo herido que estaba con lo sucedido, pese a que era evidente. En un principio supuse que era suficiente con admitirlo otra vez, después dejé que durmiera en mi pieza, junto a mí, pero ahora creo que nada de eso ha sido suficiente. A veces creo que está aquí porque es su obligación, presiento que no me ha perdonado y ahora yo, a las puertas del infierno, solo tengo ese temor...Cómo lo hago para pedirle perdón?...
Martes 12: No me siento muy bien, me levanté un rato y me sentí mareada, siento que me queda poco, debo arreglar esta congoja que siento por él, antes que mi alma quede en pena, en este mundo de mierda que tan pocas alegrías me ha traído.
Miércoles 13: Hoy ha sido el día más feliz de estos últimos tres años. Cuando desperté David estaba sentado frente a mi cama, esperando a que me levantara, en cuanto lo vi me dieron unas ganas locas de abrazarlo. Le pedí que se acercara, y con la humildad que solo él tiene se acercó despacio y puso su hocico en mi rodilla. Lo abracé le pedí perdón por haberlo ido a botar a Quivolgo hace 3 años atrás, cuando se declaró mi enfermedad. Aunque sé que no me entendería, le pedí perdón por abandonarlo a su suerte, creyendo que era mejor dejarlo solo que acompañando a una mujer moribunda, condenada a la muerte. Lloré mucho, porque todos estos días me he imaginado cuantas desventuras tiene que haber pasado durante los dos meses que demoró tratando de volver a mi casa... a su casa. Lloré con fuerzas porque cuando volvió, lo hizo con sus patitas rotas de tanto caminar, cojeando, todo sucio y más viejo y yo, encerrada en el odio de mi injusta existencia, no lo atendí, y apenas le di comida y agua. Lloré con sollozos, porque mientras lo hacía, él, como si estuviera emocionado, me lamía la palma de mis manos y luego ponía su carita en ellas para que lo acariciara, quejándose como de alegría y pena a la vez... Lloramos juntos y nos reconciliamos después de tres años de agonía. Luego de eso salió y volvió con su correa, me pareció buena idea, y sin preocuparnos de mis dolores y de la hora, salimos por Las Rastras a dar un paseo, como cuando ambos éramos más jóvenes y buscábamos, cada uno por su lado, algún amor furtivo en quien cobijarse... En la tarde llegamos y comimos albóndigas con salsa, que tanto le gustan a él. Me siento feliz, siento que me ha perdonado, que me quiere como siempre me quiso, que ha olvidado esa pena, me mira y mueve su cola, vimos las noticias acostados en mi cama, salió a dar su vuelta nocturna, se acercó y se despidió antes de dormir, como antes, y ahora duerme plácidamente en su cama, que puse más cerca de la mía esta vez.
Jueves 14: No puedo escribir, he llorado todo el día, David amaneció muerto, acostado tal y cual como quedó anoche... Era viejo igual que yo, y se las arregló para abandonarme antes que yo lo hiciera de nuevo con él, ahora a mí me toca sufrir el abandono y la desesperación de reencontrarlo. Solo esperó a decirme que siempre me quiso, esperó a que yo le dijera que también lo quería. Se murió el mejor amor de mi vida, quien me quiso a pesar de todo, quien me cuidó todos los días que estuvo conmigo, quien me perdonó y volvió a acompañarme a pesar de mis ofensas. Nunca te voy a olvidar David. Nunca voy a olvidar tu mirada gris y café de tus ojos de lobo blanco.
Esto es lo último que aparece escrito en el último tomo disponible. Por la fecha y circunstancias, parece ser que su dueña decidió correr hacia la eternidad tras su amado compañero esa misma noche...
Revisando hacia atrás, hace unos días encontré el siguiente párrafo en el tomo número veintisiete:
Sábado 25: “Hace dos días que veo revolotear en mi jardín a un cachorro blanco, bien peludo y desordenado, parece un lobo chico, tiene un ojo café y el otro gris. Hoy le dí un poco de agua y una albóndiga que me sobró (aún cocino para Armando y luego me doy cuenta que él ya no está conmigo).
Domingo 26: “Al parecer el cachorro ha decidido quedarse y acompañarme en esta primera primavera de viuda que me toca vivir. Ja ja, tengo un nuevo marido que me cuide, se llamará David, en honor a David Bowie, pues tiene los ojos de distinto color, igual que el cantante que con tanto volumen escuchaba Armando.”

jueves, agosto 31, 2006

Los Encarcelados

Kuaric estaba nuevamente moviendo y gastando los barrotes del lugar donde se encontraba. Esta labor la venía realizando hacía ya tres temporadas calurosas, durante todas las noches, y a veces durante el día, incluso frente a sus vigilantes, los que, al parecer restaban importancia a sus actividades, pues confiaban en la resistencia de los barrotes que delimitaban el espacio libre del restringido.
Purom, alias "el Gardel", y Jéquet, alias "el Calmao", lo miraban y a menudo, como en otras ocasiones el calmao le preguntó:
- ¿Qué sacas con hacer eso?, nunca vas a romper esos barrotes -
Kuaric, siempre en el mismo rincón, afanosamente dedicado a su labor pese a la escasez de luz esta vez contestó:
- Algún día compañeros esto cederá y yo escaparé de esta prisión, y ustedes también podrán hacerlo, si es que tienen el valor de hacerlo -.
Jéquet, el calmao, aprovechando que esta vez obtenía una respuesta dijo casi gritando:
- Mira viejo, yo no tengo dónde ir, aquí por lo menos me dan comida y agua. Allá afuera es difícil conseguir agua limpia, y la que nos dan aquí ¡es casi cristalina! -
- Sí, puedes tener razón -, replicó Kuaric, - ¡pero yo no he hecho nada para estar entre rejas!, no merezco esta prisión, yo quiero ser libre, gritar y cantar en el campo, en el bosque o en las calles o donde me plazca –
Kuaric comenzaba a respirar más rápido de lo acostumbrado, su pecho se hinchaba con cada inhalación y sus ojos color miel parecían abrirse más y más dada la emoción con que hablaba, lo que contrastaba con su pálida tez. Kuaric era el ser más pálido que jamás habían visto los otros dos encarcelados. Ni siquiera el anterior compañero de éstos, Cheper, era tan "ario", y, al parecer, era del mismo país que Kuaric.
El Gardel Purom dijo: - Todos somos inocentes, eso creo – y miraba a Jéquet, para luego proseguir diciendo – Y no hay una razón clara por la que nos tengan aquí retenidos, pero aquí la comida es buena y allá afuera las cosas son muy difíciles –
- Prefiero morir de hambre que de pena, yo quiero volver con los míos, tener familia y olvidar este cautiverio – Decía Kuaric impetuosamente y con notoria alteración por la charla.
- ¿Cómo que cautiverio? – Dijo Jéquet – A ti por lo menos te dejan salir un rato poh Pepo, a nosotros siempre nos mantienen aquí adentro – el calmao se notaba ya un poco alterado.
- Primero que todo no me digas Pepo, ese no es mi nombre – replicó Kuaric casi ofendido – Y segundo, quizás tus crímenes fueron muy graves como para que estés preso durante tanto tiempo – dijo con tono casi irónico.
- ¡Yo no he cometido ningún crimen! – dijo el calmao Jéquet
- Yo tampoco - dijo el Gardel – Pero hay algo más importante Kuaric y que siempre te he querido preguntar ¿Por qué te molestas tanto cuando te dicen Pepo? -
- Pues porque ese no es mi nombre, ustedes saben que me llamo Kuaric, y no tengo otro nombre – contestó.
- Pero los vigilantes insisten en llamarte Pepo – Dijo Jéquet en tono burlesco.
- Lo extraño de todo es que a Cheper también le decían Pepo, y era muy parecido a Kuaric – dijo el Gardel reflexivamente, para luego seguir comentando: - Ese tal Pepo ha de haber sido un criminal terrible, pues yo llevo seis temporadas aquí, y Cheper ya estaba cuando llegué. Él también insistía en que no se llamaba Pepo... definitivamente ese tal Pepo ha de ser muy parecido a ti Kuaric, y es por eso que te detuvieron, ¡ creen que tú eres Pepo!-
- Quizás – dijo Kuaric, mientras seguía gastando los barrotes del rincón.
- En fin – dijo el Gardel Purom – Las cosas están así y yo no pretendo cambiarlas -
- ¿Acaso a ti no te molesta que te confundan con otro? – Preguntó Kuaric a Purom. Cuando el Gardel se aprestaba a contestar Jéquet replicó, con los ojos a medio cerrar como si la pregunta hubiera estado dirigida a él: - A mí no me molesta, además yo soy harto tranquilo, quizás por eso me dicen el Calmao, no veo otra razón -
- ¡Sí, oh! – dijo irónicamente Kuaric – los callaítos son los peores, ese tal Calmao con quien su-pues-ta-men-te te confunden parece que no es muy distinto de ti – agregaba casi entre risas.
- Mira 'on, yo no soy criminal, ni asesino, ni ladrón. A mí me detuvieron antes de salir del cascarón, compadre. A mi madre la tomaron presa de muy joven, y después nací yo, esto fue en otra prisión, donde estaba mi viejita, y luego a mí me trasladaron para acá. Lo peor de todo es que nunca me dieron una explicación, jamás me escucharon, yo reclamaba mucho antes de que tu llegaras Kuaric, pero tú has exagerado la nota, yo personalmente me aburrí..., quizás por ser hijo de una delincuente yo también debo pagar con cárcel. Seguro que mi padre, a quien nunca lo conocí, también era un reo, y yo, por consiguiente podía ser muy peligroso, pero aquí estoy, soy tranquilo, tengo comida, no tengo que trabajar, el sol da en mi lado todas las mañanas y en la tarde tengo sombrita.
- ¡Tsss! Eso no es suficiente – dijo Kuaric.
- La Libertad es linda – dijo Purom – pero muy sacrificada, todo el día en torno a la supervivencia, que tenís que llevarle comida a tu familia, tú también tienes que comer, que no te vaya a pasar algo en el camino, es complicado...pero hay algo que si vale la pena... echai la cagá y no tenís que ver como se pudre al lado tuyo, esperando que los flojos de los vigilantes se acuerden que hay que limpiar las celdas. Si hay algo que no soporto es tener que comer sobre la caca, muy limpia será el agua, ¡pero te la ponen sobre la caca!, a veces la comida es rica, ¡pero tenis que comer parao arriba de la caca! Esa es la única razón por la que escaparía -.
- Andas preocupado de la caca y no te cortas las uñas de las patas ¡cochino! – le dijo Jéquet riéndose.
- Mira pajarraco, vos cagai harto hediondo y nadie te dice nada – contestó Purom ciertamente alterado.
- Sí cierto, además te cagas en cualquier lado y después uno anda a chutes con los mojones – dijo Kuaric mientras no paraba de gastar los barrotes.
- Bueno Gardel no te enojes tanto – dijo Jéquet – si era una broma lo de las uñas, y a todo esto ¿por qué te dicen Gardel a ti? – Cambiando hábilmente de tema.
- No tengo idea – dijo Purom.
- ¿Quién cresta será ese tal Gardel? – se preguntaba a sí mismo y en voz alta el calmao Jéquet, como tratando de dejar atrás definitivamente el tema anterior.
- No sé, no sé – contestaba Purom – Y ya quédate callao que yo quiero dormir-.
- Sí es mejor – dijo Jéquet – Oye Pepo... perdón Kuaric, déjate de hacer eso y duérmete -.
- Sí, ya voy – contestó Kuaric.
Sin embargo el raspar de los barrotes se escuchó toda la noche como de costumbre.
Al otro día, Kuaric seguía con el asunto de los barrotes, cuando Purom despertó, vió que Jéquet ya estaba despierto disfrutando del sol matinal que tanto le gustaba y que entraba por el costado derecho de la celda.
- Este tipo está loco... ¿A qué hora duerme? – Dijo Jéquet a Purom casi susurrando.
- Cuando logre salir de aquí va a dormir tranquilo – contestó Purom también susurrando.
De pronto un extraño ruido se escuchó, parecido al de una campana pequeña, muy pequeña
- ¡Lo logré! – dijo Kuaric – ¡Rompí el barrote!, Vengan, ayúdenme a doblarlo antes que los vigilantes vengan a dar la ronda de la mañana -.
Rápidamente los otros dos saltaron hacia la barra de metal y entre los tres hacían fuerzas para doblarla. Por el espacio que se lograba hacer no pasaba siquiera Jéquet, que era el más pequeño, y que por lo demás no tenía muchos deseos de escapar.
Kuaric era el más entusiasmado y el que más hacía fuerzas. Sin duda era el más fuerte de los tres, pero su fuerza no era suficiente, el cansancio acumulado por años de trabajo durante el día y la noche ahora se hacían notar.
De pronto, uno de los vigilantes apareció por el pasillo, caminando con paso fuerte. Jéquet y Purom abandonaron la labor y se colocaron al otro lado de la celda. Kuaric seguía haciendo fuerzas para doblar ese barrote que le daría su libertad. Tres años le había tomado cortarlo, ahora lo único que tenía que hacer era doblarlo un poco hacia fuera, lo que casi conseguía.
El vigilante miró a Kuaric, pero siguió de largo en su caminata, posiblemente no se dio cuenta porque a Kuaric siempre se le veía ahí, en ese mismo rincón. Nuevamente Jéquet y Purom ayudaban a su tenaz compañero a doblar el barrote, sin embargo el vigilante se devolvió antes de llegar al final del patio, y con dos pasos se colocó frente a ellos.
- Miren lo que tenemos aquí – dijo - ¡Román trae un alambre que el Pepo se quiere escapar y casi lo logra! – Gritó hacia adentro del recinto. En menos de un minuto el vigilante tenía el pedazo de alambre en la mano y... con sus dedos, dobló el barrote hacia adentro, lo colocó en su posición anterior y lo reforzó con el pedazo de alambre acerado. – ¡Cuidado con tratar de escapar otra vez Pepo! – gritó el vigilante y luego se retiró.
- Tres años de trabajo deshechos en menos de lo que demora uno en tomar agua – decía Kuaric con evidente furia y con los ojos llenos de lágrimas.
- Tres años... ¡Y lo arregló con sus dedos! – sollozaba.
Jéquet y Purom, con tristeza y al borde de la emoción, lo miraban en silencio desde el otro rincón de la jaula mientras comían alpiste.
Purom, un zorzal cantor que se le conocía como el Gardel, aún vive enjaulado, pero en otra casa. Fue vendido a una señora mayor que lo cuida mucho y limpia su jaula todos los días tal y como él siempre lo había deseado, a cambio, él canta casi todo el día.
Jequet escapó de sus captores en un descuido de éstos cuando le daban comida, él era una cata de color verde amarillo y respondía al nombre de calmao. Finalmente conoció la libertad y vivió en esas condiciones por una semana, hasta que fue víctima de un aguilucho quien lo cazó por lo llamativo de sus colores.
Kuaric, una cacatúa australiana de color blanco, traída por contrabando, y que respondía al nombre de Pepo, al cabo de un par de meses, fue rescatada del maltrato de sus captores gracias a un operativo policial que pretendía detener a contrabandistas de aves exóticas. Fue puesta en el Zoológico Metropolitano de la ciudad de Santiago con otras de su clase en una jaula mucho más grande en donde ahora puede volar un poco. Se le puede reconocer porque es la única que insiste en picotear los fierros de la jaula en un rincón determinado. Nadie ahí sabe por qué lo hace.

miércoles, diciembre 07, 2005

LA MALA CUEA DE UN AMANTE PROFESIONAL

Ahi estaba yo, sintiendome el mejor de todo el mundo.
Después de muchas compañeras en los pasajes de mi vida, sin que ninguna mereciere la pena de recordarme su nombre, con mucha emoción me plantaba frente a ella.
Enriqueta, la mujer que siempre habia soñado, se encontraba bailando conmigo, hermosa, con grandes ojos verdes, con su vos semi ronca, mirandome fijamente mientras la abrazaba delicadamente, pero con fuerza.
Podría haberla besado, pero me gustaba como nunca nadie me habia gustado...
Quería hacer algo más hermoso, duradero, casi permanente. Mis artes de conquistador las había olvidado, no estaban ahora en mi mente
Desde niña la encontré hermosa, pero la vida nos separó durante muchos años.
Ahora, ambos ya en edad madura nos volvíamos a encontrar, la vida la había hecho mujer linda (no solo bella por fuera, hermosa por dentro, en su alma, en su corazón)
Decidí darle el beso más encantador que nunca hubiese dado, no por hacerlo, sino porque lo sentía, porque necesitaba entregar amor en ese beso.
Todo lo que antes había sentido en mi alma y en mi corazón eran solo débiles cosquillas comparado con esta terrible comezón que sentía en todo mi cuerpo.
Hacía muchos años, quizás veinte o treinta, desde cuando era solo un adolescente, que mi estómago no se estremecía cuando me acercaba ahora a su boca, hermosa y rosada.
La besé... la besé como nunca había besado a nadie, como nunca seré capaz de besar a alguien. Y ella me besó, como nunca nadie me había besado, y yo, como flotando, me dí cuenta que tiritaba de nervios. Por primera vez en mi vida sentía que ambos queríamos lo mismo.
En silencio y sin decirnos nada nos juramos amor eterno y para toda la vida, por lo menos eso fué lo que sentí.
Esa noche no pude dormir mucho, como un pendejo de 12 años que da su primer beso, como escolar que recién se inicia en las lides del amor y un roce de manos no lo deja dormir... así estaba.
Cuando me reencontré con ella, un par de días después estaba nervioso, ahora tiritaba de emoción... era mía, me quería, y yo a ella.
Me saludó con un beso en la cara, solo me dijo hola, y se olvidó que yo estaba ahí.
Se me vino el mundo al suelo... ¿que mierda es el amor?, me preguntaba.
¿tanto esperar este sentimiento para sentirse derrotado, humillado y menospreciado?
Días después, jugado completamente, le prometí amor eterno, y ella, un poco embriagada por las luces y el alcohol de aquella noche me aceptó..., entendí entonces que ella también me quería, a su modo, pero me quería.
Anduve por las nubes... hasta que se acabaron...
La ví de la mano con otro tipo al otro día cuando yo, se suponía, andaba muy lejos de su casa, sin embargo, para darle una sorpresa fuí a verla a la suya.
- Te apuraste demasiado con tus sentimientos- me dijo,
- Las mujeres nos asustamos con hombres tan decididos, deberías entregar menos, nadie quiere un hombre en bandeja...-
Cómo pude olvidar semejante detalle!, yo, quizás el que mejor sabía de las costumbres femeninas cometía ese infantil error por amor!. Toda mi vida anduve burlándome de las mujeres, siempre las trataba con un pétalo de rosa y luego las dejaba plantadas en la pista, en el restaurant, en sus propias camas y hasta en el altar, pero ahora, cuando me enamoro de verdad de una cabra chica, ella me da la espalda siendo que le entregaba todo lo que otras querían.
Entregué todo mi corazón, toda mi alma, todos mis pensamientos, todo lo que iba a vivir a esa delicada y hermosa cara, a ese buen corazón, pero me desechó.
La mala cuea, justo ahora que me enamoro me dejan botao, justo ahora que pongo todos los huevos en una sola canasta, ésta se suelta...
¿Que mierda es el amor? ¿Es el desquite de otros enamorados envidiosos? ¿Es el pago por haber sido tan liviano en mis otras relaciones? No, el amor es la mariconada más grande que te puede hacer la vida... nunca, NUNCA vas a sentir algo tan grande, nunca vas a entregar tanto para que lo desechen, para que te lo tiren en la cara, para que trapeen contigo, para que se olviden de lo que hiciste, para que te recuerden que nunca vas a amar y ser amado a la vez, eso no existe... y creí que existía.
La mala cuea, enamorarme a esta edad, cuando pararse cuesta más, cuando sufrir afecta todas tus actividades, cuando tener pena afecta todos tus sentidos.
Que mala cuea, debí haberme encontrado con ella antes, para sufrir antes, para haberme repuesto con la vitalidad y la inocencia de la juventud.
Que mala cuea, conocer ahora las alcantarillas y no poder verlas porque las lágrimas no me dejan.
que mala cuea, de esta no creo que salga vivo.
Que mala cuea, me tiene por el suelo, y no puedo dejar de amarla.
Pa eso es el amor, pa que te den el suelo y sentir más amor, pa que se desquiten contigo y tu no busques culpables, pa que te abofeteen y tu pongas la otra mejilla, ahora entiendo a ese loco lindo que lo crucificaron por amor...
Yo creía que el amor no existía, y me burlaba de quienes si creían en él...
Sr. Juez:
Este carma, en esta vida, tampoco logré superarlo... tendré que esperar a la próxima. Es mi culpa, lo sé, pero ya me ha pasado antes.
Jaime Casanueva

viernes, diciembre 02, 2005

imberbe...

Era fin del verano, tenía 17 años, y fui a ver a mi polola que había llegado del veraneo... la saludé y me dió un beso muerto, de esos que pueden ser en la boca, pero sin ninguna contracción muscular que permita darle vida y forma al ósculo.
No era necesario ser muy inteligente para darse cuenta que algo no andaba bien... aunque luego me daría cuenta que TODO estaba mal.
-¿Cómo estuvo la playa?- le pregunté
-Bieeen!, lo pasamos super bien...- contestó
-mmm, ¿lo pasamos?- cuestioné suspicaz, como creyendo saber para donde iba eso
-Sí... mi familia, mis amigas, mis amigos y yo...- respuesta obvia, que me dejó como un tipo... digamos suspicaz...
La pregunta de oro, la que pensaba daría pié a una serie de recriminaciones hacia nuestra relación, no me llamó en un mes y medio, yo no sabía dónde estaba, con quien y hasta cuándo, y ella, pudiendo ubicarme no lo hizo, tenía rabia contenida, como para explotar, como para vomitarle un par de chuchadas por ser tan mala mujer... y le dije
-¿Me pusiste el gorro?- puf!, debí haberle preguntado si me echó de menos, pero ya estaba tirada la interrogante, y la verdad es que ya no aguantaba rodeos.
-sí- dijo sin esfuerzo, de manera inmediata, sin tapujos, directo al corazón, como cuando entra un cuchillo en una torta de mil hojas, suave, rompiendo todo a su alrededor, pero entrando igual con facilidad.
Y yo, imberbe aún, sin experiencia en este tipo de eventos, traté de llevar adelante el tema con madurez... y espeté
-¿Con marcelo y con quien más?- gil, amermelao, sabía hasta con quien me iba a traicionar y seguia ahí, como perro faldero esperando un cariño, una muestra de amor, algo.
-Con Cristián NN...- (no diré el apellido para no herir susceptibilidades)
Pues ahi estaba yo, soportando una obvia ruptura, recibiendo toda la artillería de quien, definitivamente, no quería verme más... y se suponía que yo estaba enojado, que era yo el que la iba a castigar con una ruptura, y me imaginaba camino a su casa cómo iba a llorar de desesperación cuando le dijera que era el colmo, que no lo soportaba y que esto llegaba hasta ahí.
Sin embargo, imberbe aún, debía ser digno, ella no quería nada conmigo y yo no quería nada con ella, pero no iba a permitir que esto pasara unicamente porque ella no quería, no señor, no le iba a dar el gusto de dejarme abandonado, ponerme los cuernos y luego botarme como algo desechable, ahora las cosas se ponían mas complejas, era un escenario imprevisto... que imberbe, jujando juegos de dignidad con el amor.
-ah, que bien, yo te dije antes que te fueras a la playa que lo pasaras bien, me parece correcto que disfrutes de la juventud y del verano, los amores de verano son importantes en la vida de una persona y como no duran mas que eso, no afectan una relación con sólidas bases como la nuestra- ni yo me creía lo que decía. Qué estaba haciendo ahí, mendigando cariño, porque era cierto que la quería, era mi primera polola, era la primera mujer linda que me miraba a los ojos, pero no era menos cierto que ella no me quería, por lo menos eso parecía. Y sin embargo ahi estaba, esperando su reacción. Definitivamente fué un balde de agua fría para ella. No se esperaba que yo casi le dijera "no importa, sigamos adelante". Y me contestó:
-Uno de ellos me gusta harto- Ahora tenía cara de pena, como diciéndome, por favor ándate, pero yo estoico, casi como si fuera un juego insistí:
-Bueno recien vienes llegando de la playa... si hoy en la mañana estabas allá, en el transcurso de la semana se te va a pasar- fin del tema, ella no fué capaz de decirme a la cara "terminemos, ya no te quiero", y yo, no quise darme por aludido y seguí como si nada hubiera pasado, hasta que tres semanas después me llamó por teléfono en la mañana y me pidió que la fuera a ver a una hora en especial, mas temprano que de costumbre, cuando ella estaba sola en su casa.
No alcancé a decir hola cuando practicamente vomitó en mi cara:
-Estoy embarazada- tenía la misma pena en su cara, como que me imploraba que me fuera de ahí, que entendiera que no me quería hacer daño.
En quince segundos de silencio pensé muchas cosas, pero la más importante era lo que iba a decir
-Durante un año te he respetado lo suficiente como para que nada de esto nos sucediera, jamás te he puesto un dedo encima, ¡¡y en un mes te entregas al primer hueón que pasa por el frente tuyo!!!- tenía rabia, pero también pena, no solo por ella, sino también por mí, volvía a quedarme solo, y con mis atributos difícilmente conseguiría otra mujer que me quisiera ver a los ojos.
-Quien es el padre- pregunté
-Cristián NN- respondió. Yo lo conocía, la rondó por seis meses y siempre estuve cerca para que no se acercara tanto, pero allá en la playa, sola, las cosas fueron distintas.
-Bueno, ojalá que te vaya bien, y deja en claro en tu casa que yo jamás te toqué por lo que ese hijo no puede ser mío- me dí media vuelta y me fuí
-Yo aún te quiero- me dijo entre lágrimas y con voz quebrada, pero yo no me detuve, no me dí vuelta... solo seguí caminando. Mientras lo hacía me sentía triste, pero a la vez triunfador, imberbe..., creía que había dado un golpe maestro de dignidad y hombría.
Seis meses después me encontré con su hermana con quien conversé un rato, me dice que ella estaba muy enferma, que le encontraron cáncer en la zona de la pelvis, que su embarazo ha sido muy complicado y que seguramente le sacarán su guagua antes de lo esperado porque su enfermedad está muy avanzada.
-A veces, en sueños, o cuando está dopada pregunta por tí, dice que le gustaría verte, pero cuando está lúcida se ha negado a dar tu número de teléfono, y dice que no es cierto que te quiera ver- Quedé petrificado, se me hizo un nudo en la garganta y no sabía qué decir.
-No creo que sea sano ir a verla, sería casi como ir a burlarse de su estado, prefiero que no.- Fué lo mas sensato que creí decir... y hacer... imberbe, la quería tanto, y me negué a ello.
Su hija nació el día de mi cumpleaños, tres días después se casó con el padre de su hija para darle legitimidad y mientras ella estaba postrada en la clínica, dos días después falleció.
Sus amigas me dijeron que hasta el último día de su vida preguntó por mí, que lloró y dijo mi nombre cuando se casó, en fin, yo nunca la fuí a ver, y en realidad nunca la dejé de querer... imberbe, sufrí por ocho años una viudez que me merecía por imberbe, por condicionar un cariño, por querer ser digno no reconocí mi amor, y por todo ese tiempo anduve por los rincones de mi vida llorándola y escribiéndole poemas de amor...

lunes, noviembre 28, 2005

EL CONDENADO

Come on! ...Wake up López!... Its your time!. You have to pay for your sins. – López despertó, en realidad no lo hizo, solo abrió sus ojos, estaba dormitando, y a media conciencia quizás de lo que se venía. Aunque el inglés le resultaba poco familiar para estas circunstancias, lo entendía bastante bien y cumplió la orden
Estaba desesperado, pensaba en su madre y en la mujer que siempre amó y que nunca lo supo... pensaba en las jóvenes que había tenido entre sus piernas. Una a una se le reflejaban en la mente como una exposición de diapositivas; sus caras, sus gritos, la sangre, el color rosáceo y luego pálido de sus caras, algunas hasta con color violeta en la parte baja de sus pómulos. Como secuencia lenta de imágenes cuadro por cuadro aparecían en su mente las imágenes de los golpes en sus cabezas con una piedra cualquiera o con el martillo que a veces ocupaba.
Recordaba las caras de los familiares de aquellas chicas, los gritos y las amenazas de los padres de sus 23 víctimas... casi escuchaba los insultos de todos aquellos que imploraban su muerte y que seguramente y con ánimo morboso deseaban presenciarla. Ciertamente incluso dentro del centro penitenciario había sido amenazado de muerte por sus crímenes. Todos querían verle morir...
- Its time to pay López... ¡es hora de pagar! – Le susurraba a sus oídos y por la espalda el gendarme que lo estaba esposando.
- Maldito inglés... siempre lo he odiado, definitivamente esto forma parte de mi castigo- se decía a sí mismo
Ya en el pasillo un pastor judío oraba junto a él en murmullos, aunque López era católico, o se decía, lo que ya no importaba. – Pray for your forgiveness! – Decía el pastor ciertamente apesadumbrado.
López guardaba silencio. Demasiado tiempo había pensado en sus crímenes y en la atrocidad que había cometido. Era tarde para pedir perdón, eso no lo salvaría. El curso de los acontecimientos que estaban por venir era ya inevitable para él, estaba resignando a perder su vida y su alma en el infierno.
Había pensado mucho en lo hecho, y en realidad estaba arrepentido o más bien agobiado por una encrucijada mortal y sin salida. Cada una de sus víctimas lo atormentaban en sueños y también cuando estaba despierto. Su despecho por un amor no correspondido, cruel y burlesco era su justificación. Para él todas las mujeres eran iguales... había distintos estereotipos, pero dentro de cada uno de estos estereotipos todas eran iguales... todas y cada una de las que alguna vez lo habían mirado de la misma forma como Isabel lo miraba eran iguales para él. Sensuales, provocativas, desafiantes, prepotentes e indiferentes, todo en una mirada, todas las que miraban de esa forma basaban y variaban su comportamiento en esas cinco palabras... todas eran iguales. Todas hacían lo mismo, se burlaban de él y de otros. Esa era la razón, todas debían sufrir el mismo castigo para que no siguieran desafiando y desconsolando a otros iguales a él, silenciosos, tímidos, respetuosos y tranquilos. Se sentía como el Mesías de los feos, de los sufridos por amor, de los románticos, de aquellos que se sentaban en la última fila de un cabaret, de los reprimidos, de los mal vestidos, de los delgados y pequeños, de los que se abrigan mucho en invierno, que usan la camisa abrochada al cuello y sin corbata, de los que no hacen deporte porque se caen o son malos, de los torpes con las manos y con las palabras, de los inútiles, de los poca cosa. Todo eso era él y de alguna forma su condición de hombre había sido puesta en duda por esa mujer, así como por todas las que eran como ella. López era callado y pensaba mucho, y sin duda existía en él la convicción matemática de que personas parecidas en el exterior, en sus formas y también en sus actitudes, son iguales en el fondo y buscan los mismos objetivos.
Esa conclusión aritmética lo llevaba a encasillar a las mujeres en grupos diversos: Tiernas y torpes; Reprimidas y competitivas; Calladas y bravas; Risueñas y superficiales; Sofisticadas y amables; Hermosas y amables; Arribistas y feas; Depresivas e hiperactivas; Sensuales y tontas; Sensuales y alegres; y por último Sensuales y burlescas. Estas últimas López las odiaba más que a nada en el mundo. La descripción que López hizo de estas mujeres en el proceso despertó una gran discusión psiquiátrica en torno a él y a sus comentarios, que más de uno avaló... él decía que generalmente ese tipo de chicas bebían mucho, no hasta quedar completamente borrachas, pero sí lo suficiente como para ver doble; normalmente eran de pelo oscuro, aunque había rubias, pero muy pocas, de hecho sólo dos de sus víctimas eran rubias. Hablaban como enojadas, no se sabía con certeza si lo que alguna vez decían era broma o burla, si era verdad o mentira... mantenían lo dicho hasta el final y generalmente sus palabras eran la razón de las risas de sus amigas. Como si hablaran en clave, cada una de las palabras de estas mujeres ocasionaba una carcajada entre sus similares, y parecía que las decían en serio. López, siempre vehemente señalaba que en esas ocasiones no sabía si reír o no, era complicado para él, puesto que mantenerse serio era ser antipático sin razón, pero reír de algo que no entendía era estúpido... más aún si se reían de él.
Una y otra vez se repetía en su oído cierta parte de su declaración ante el juez, un verdadero ensayo sociológico, un discurso, que determinó su cordura por sobre el inútil intento de su abogado de hacerlo pasar por enfermo de una especie de esquizofrenia u otra locura: - "Ese tipo de mujeres nefastas de las que he querido advertirles bailan muy bien... pero solas. Rara vez permiten que alguien se les acerque, y si lo hacen, lo provocan con movimientos sensuales, esos pobres hombres se transforman en meras víctimas para ellas, cuando un pobre hombre se les acercan en esos bailes sensuales, ellas los rechazan, los empujan y se enojan..., pero siguen bailándoles, mirándolos a los ojos, provocándolos. Los hombres que alguna vez se han topado con este tipo de mujeres siempre termina en ridículo, gastan un dineral en invitarlas a beber, insisten en tomarlas y bailar de cerca, pero ellas no se dejan, vuelven a armar un escándalo hasta que logran que otro galán, pendiente de ellas también golpee a la infortunada víctima. ¡Estas mujeres Sr. Juez son fatales y peligrosas!... son las que sin mediar razón y sin conocerlas lo miran a uno a los ojos como diciéndolo todo, pero no se quedan mirando, corren la mirada luego de un segundo y se ríen, y así siguen provocando a cuanto hombre las aborde o las mire."
Lo que López describía a muchos hombres puede no importarle, pero a él le afectaba de sobremanera, caía fácilmente en las provocaciones de una mujer, cualquier mirada lo condenaba a la obsesión, y su timidez hacía que precisamente las mujeres sensuales fueran las primeras que él llegara a considerar como posibles conquistas. Por supuesto para una persona tímida le es fácil elegir entre una mujer que lo miró a los ojos y otra que casi ni lo vio pasar... “las mujeres sexys miran a todo el mundo a los ojos, es parte de su atractivo, lo hacen sin querer, por tanto no se quedan con nadie”, eso López no lo sabía, y fue lo que lo condujo a la fatalidad.
Esto último lo concluyó casi por casualidad mientras caminaba esposado y con grilletes por el pasillo hacia su inevitable destino. Lentamente se iba dando cuenta de la equivocación cometida, quería remediar todo lo hecho, pero no había cosa alguna que pudiera remediar el dolor de los familiares de sus víctimas.
Como una luz en su mente, se aclaraba todo, pensaba con cordura y sin odio, y se daba cuenta, ya tarde, de que su concepción podía ser equivocada, y que ignorar a ese tipo de mujeres era lo mejor que podía haber hecho. Hasta se daba cuenta que lo hecho por él era incluso perjudicial para quienes él decía representar. En efecto, su juicio fue particularmente cubierto por casi todos los medios locales y, después de conocidas sus lamentables historias y sus aritméticas clasificaciones y justificaciones, en la sociedad se comenzó a rechazar en cierta medida a todas las personas que tuvieran el mismo perfil existencial de López. De hecho los "López" eran más comunes de lo que se creía, ahora ya no pasaban desapercibidos, pero de ignorados pasaron a ser evitados, sobretodo por las mujeres.
Doble castigo para López, él, condenado a muerte, y los que él decía representar, condenados a la sospecha, la evasión y la burla. Lo peor de todo era que la clasificación errónea de López hacia las mujeres, era precisamente la formula que la sociedad usaba ahora para rechazar a tantos como él, la razón de su condena era la razón para condenar a todos los que eran como él y que tan detalladamente había descrito.
López estaba atormentado, arrepentido hasta el llanto de sus crímenes y horrorizado con la idea de morir, y saber a ciencia cierta cuándo y por qué. De hecho había llorado todas las noches de la última semana, estaba desesperado y deseaba que existiera alguna forma de evitar tan terrible acontecimiento, pero por mas que buscara una solución nada era posible.
- Si tan solo tuviera un mes más de vida, escribiría mi punto de vista, aconsejaría no hacer lo que hice, evitar el contacto con ellas es lo mejor – se decía a sí mismo - A veces la burla y la soberbia de este tipo de mujeres a uno lo enceguece de rabia y termina haciendo cosas lamentables - decía entre dientes mientras caminaba con dificultad por el pasillo. Pero ya era muy tarde.
- Come on... Sit down López! would you like something to drink?... a beer perhaps? – Le decía al oído y en forma burlona el gendarme que lo había guiado hasta la sala mientras le indicaba el lugar donde pasaría sus últimos minutos. Allí estaba, en el centro de aquella sala, el mobiliario más grotesco y fatal que ha existido. Un sillón grande, más que una silla, con brazos y con amarras de cuero por todos lados. Recto, plano, de largo respaldo metálico de medio brillo, casi opaco.
Al frente del sillón había una vitrina grande y tras ella había sentadas unas doce personas, entre ellas su madre, su abogado, el Fiscal que lo acusó, el Juez que lo condenó, al parecer había una autoridad que reconocía por televisión como el Gobernador del Estado de Carolina del Sur, unos periodistas que al parecer dibujaban en sus cuadernillos, el Jefe de Policía de pié y un gendarme frente a un gran switch eléctrico.
Lo sentaron en la gran silla, el frío del metal traspasó las delgadas telas del traje de reo de López, quien se estremeció al sentir en su espalda el gélido respaldo. Sus brazos desnudos sobre los brazos del sillón fueron amarrados firmemente con correas de cuero, al igual que sus piernas y sus pies, los que se encontraban ahora descalzos sobre una plataforma metálica e igualmente fría. López ya no pensaba en nada, le parecía todo dentro de la normalidad de lo que estaba por venir... estaba entregado a su destino, y daba lo mismo la forma en que se desencadenaran los hechos, aunque ellos le aterraban de todas maneras.
Las correas cruzaban sus piernas, sus canillas, sus tobillos, las muñecas, los antebrazos, la caja torácica y su estómago. También en su cara cruzaba una correa que le tapó los ojos y los presionó hacia adentro, obligándolo a su vez, a mantener la cabeza rígida y la barbilla levantada. Lo último que vio antes que le taparan los ojos fue el piso, blanco en cerámica, y las uniones de éste con los muros. No fue capaz de volver a ver a su madre, quien sentada y resignada solo lloraba, no sollozaba ni decía nada, sus lágrimas solo corrían por su morena tez. López no quería llorar, quería aparecer ante los demás como un enfermo, que quedara esa imagen de él, así era más fácil que le perdonaran algún día. Si lloraba iba a mostrar su arrepentimiento, y quizás nunca se le perdonaría pues quedaría la sensación de que sus crímenes habían sido cometidos en conciencia y no bajo la irremediable fuerza de su enfermedad de odio. Tampoco quería aparecer como una víctima del sistema, pues él estaba pagando por lo hecho, aunque pensaba que llegar hasta estas instancias era suficiente castigo para una persona. De hecho, cualquiera que pudiera llegar a vivir lo que él vivía en esos momentos, no volvería a delinquir en su vida, ni sería capaz de poner sus manos encima de ninguna persona. El temor y la impresión que causan la muerte y la certeza de tenerla a cinco minutos es demasiado como para pretender vivirlo dos veces.
Ya con los ojos tapados se escuchó una voz por los parlantes que estaban en la sala:
- Mr. López, do you know why you are here? – Preguntó la voz.
- Sí señor, lo sé – contestó López.
- Do you have something to say before you mouth must be sealed? – Volvió a preguntar.
- Yes sir – dijo López
- Well, go ahead. – dijo la voz
- I will talk in spanish...creo que es lo natural y lo que corresponde... estoy arrepentido de lo que hice mamá, si tan solo me hubiera dado cuenta a tiempo de lo equivocado que estaba, si tuviera otra oportunidad no haría lo que hice, habría mantenido mi rabia y mi impotencia para mí.
- Why don't you say it in english? – Preguntó la voz.
- And why you talk in English?, Nosotros hablamos español señor.- contestó López
- Well, by order of the Judge Jamesson, I proceed to execute his following resolution: "Roberto López M. has been considereted guilty of the crime of murder and violation of 23 women. In corcondance with our laws, he has been condenated to resist and die at the electric chair of the state, with a max. aplication of 2450 Volts in the first time and no longer than 8 seconds. If you resist this charge, you have to repeat the session in according with the legal proceed. This order must be executed by the State's Police Chief". - Leyó el hombre. Guardó silencio por un par de segundos y luego ordenó que sellaran la boca de López – Seal his mouth! –
Otra correa en forma de mordaza, y con un apéndice que le introdujeron en la boca, cruzó la cara de un extremo a otro, inmediatamente hecho esto se le colocó un casco metálico en la cabeza.
El gendarme que le colocaba el casco le decía susurrando –Nebraska Protocol doesn´t rules still – Haciendo referencia al protocolo de Nebraska, el que aún no entraba en vigencia en Carolina del Sur, y que modificaba la forma de ejecución eléctrica a una sola aplicación de 2450 Volts por una sola vez y durante 15 segundos, luego de eso y sin ninguna asistencia médica de por medio, se deja al condenado en espera durante 15 minutos hasta que se verifica su muerte por un médico. Tal protocolo era el tema de conversación de todas la cárceles del mundo pues era una modificación definitiva a la política estadounidense que por muchos años se mantenía de aplicar 2450 Volts en 8 segundos y, seguidamente y al cabo de un segundo, se aplicaban 480 Volts durante 22 segundos mas. Si el condenado resistía esa descarga, el ciclo se repetía por tres veces mas con intervalos de 20 segundos en lo cuales un médico constataba la muerte o supervivencia del condenado, la única manera de sobrevivir a tal tortura era mediante la decisión del Gobernador del Estado quien, debiendo estar presente en la ejecución, podía poner término a la ejecución y perdonar la vida del condenado.
Otra voz masculina se oyó por los parlantes – Chief, you can execute the order.
Inmediatamente se volvió a oír la voz que antes había leído la sentencia de López – 2450 Volts at the first time! – Sin duda el jefe de Policía tenía la orden de ejecutar la resolución, sin embargo, como suele suceder, éste había colocado a un gendarme a cargo del switch en el que se manejaban los instrumentos y el voltaje, y era este último quien recibía las órdenes del Jefe de Policía. Luego de señalar el voltaje, el Jefe de policía esperó unos segundos y, moviendo la cabeza en forma afirmativa dio la orden al gendarme para activar el mortal mobiliario.
López tenía empuñadas sus manos y trataba de "acomodarse" pues las correas le apretaban demasiado, por tanto casi no alcanzó a traducir en su interior la última frase dada por el jefe de Policía cuando en medio de un silencio sepulcral sintió un golpe que tensionó todos los músculos de su cuerpo, el que asimismo comenzó a moverse agitada e involuntariamente. En su cerebro se sucedían, una tras otra, como diapositivas, todas las circunstancias importantes de su vida, desde sus primeros cumpleaños, sus días de colegio, sus vacaciones, sus amores, sus fiestas, sus borracheras, sus amigos, sus padres y una y otra vez sus víctimas, sus muertes, su juicio, su arrepentimiento...
Sus dientes comenzaron a morder el apéndice de cuero dentro de su boca, y su lengua se endurecía provocando la regurgitación de su última cena, caliente, más bien hirviendo, la que, junto a los jugos gástricos llegaban a su boca y quemaban la tensionada lengua. La saliva y todo lo que podía caber dentro de su boca hervían y salían por los costados de ésta en forma de espuma amarillenta.
Su cuerpo, como en trance, no dejaba de agitarse, y las correas impedían que se saliera del lugar en el que estaba tétricamente aferrado.
La fatal descarga duró para algunos una eternidad, como para López, sin embargo no se extendió más allá de los reglamentarios 8 segundos. La madre de López ahora sollozaba ante la impotencia de ver morir a su hijo y la frialdad de la ejecución.
Finalmente la descarga fue terminada y el cuerpo rígido de López dejó de agitarse, como cediendo ante tan implacable atacante, sin embargo el estado de relajación no era total y aún se percibían pequeños temblores como de tersianas que poco a poco fueron menos perceptibles hasta llegar a la inanimidad absoluta. Sus brazos parecían humear, se notaba en ellos que las venas estaban hinchadas y sus puños seguían apretados, señal aparente de que era la única parte del cuerpo que López había podido controlar. La silla humeaba un poco también sobretodo en las partes metálicas, pues comenzaba a evaporarse la humedad de ésta producto del calor generado por la descarga.

- Prepare the equipment and connect him to the 480 Volts! – Dijo el Jefe de Policía solo un segundo después de terminada la sesión.
El gendarme a cargo de los instrumentos ajustaba la potencia de la descarga a los 480 Volts.
Era visible que López aún vivía y, aunque no había perdido el conocimiento, casi no podía moverse y podía escuchar perfectamente el diálogo del jefe de Policía, a pesar del zumbido que tenía en sus oídos. Aterrorizado, pero resignado a su situación se armó de fuerzas para recibir la segunda descarga eléctrica. Su pulso estaba acelerado, su corazón bombeaba sangre y sentía zumbar su cabeza con cada latido, creía que su cabeza iba a reventar antes que le aplicaran la segunda descarga. Sentía su cuerpo temblar por completo, quizás por miedo, pero esto no era visible para quienes lo observaban.
El Jefe de Policía hizo un nuevo gesto afirmativo al gendarme a cargo de los instrumentos y éste bajó el switch que activaba nuevamente la silla eléctrica.
Se escuchó un zumbido, las luces de la sala parpadearon levemente y el cuerpo de López nuevamente comenzaba a sacudirse como si un ataque de epilepsia le afectara. Ahora el condenado emitía un ruido extraño, como un gruñido de quien, entre dientes, soporta un gran dolor. Nuevamente pasaban por su mente todas y cada una de las situaciones más importantes de su vida, como una gran sesión de fotografías a toda velocidad, pero comprensibles asimismo todas y cada una de las imágenes reflejadas en su cerebro.
Su cabeza se sacudía ahora con más violencia que la vez anterior, quizás ahora, abandonada a la falta de voluntad del condenado quien comenzaba a sentir un escurrimiento por dentro de su frente y bajando a través de sus fosas nasales hasta que éstas reventaron en sangre, la que, como una explosión salía disparada de sus narices y luego comenzaba a escurrir por sobre la mordaza que cubría su boca, sin embargo, y debido a la temperatura, se coagulaba con impresionante rapidez, y su color no era rojo fuerte sino más bien de tono marrón.
Sintió un sonido estruendoso en su cabeza y sus oídos también reventaron, primero el derecho y luego el izquierdo, aunque solo del primero corría sangre caliente y humeante.
López seguía consciente, y a esa altura lo único que deseaba era que todo terminara de una vez.
- ¡Maldito corazón! – se decía a sí mismo, -¡Deténte de una vez por la mierda! – .
Su corazón latía muy rápido, al borde de la taquicardia y su respiración, entre inhalación y exhalación era tan corta que no pasaba mas de medio segundo entre cada una. De pronto dejó de sentir dolor y espasmos, a pesar de que la mortal descarga seguía adelante, López dejó de pensar, se detuvieron las imágenes en su cabeza, no había nada, como cuando se apaga un televisor, al parecer ya no estaba en esa habitación.
- Finalmente se cumplieron los 22 segundos exigidos por la aún vigente Ley, nuevamente el cuerpo de López volvió a un estado más relajado aunque no menos tenso y convulsionado en su interior. Ahora se sentía afuera de su cuerpo y, como flotando observaba lo que sucedía en torno a él.
- Doctor, we need a confirmation! – dijo el jefe de Policía
El médico de la cárcel entró a la habitación con un estetoscopio y lo colocó en la zona izquierda del pecho de López, con la otra mano, y por casualidad, tomó el brazo izquierdo del condenado, quizás motivado por la costumbre de buscar el pulso de sus pacientes, sintió que el cuerpo de López ardía, más allá de los 42º por lo menos, observó que algunos bellos del antebrazo estaban a medio chamuscar y que la saliva le salía en espuma rojiza por la boca, lo que para el doctor era señal obvia de que sus encías también se habían reventado. Esa sensación le provocó terror el que inmediatamente se le notó en su cara. Oyendo por el estetoscopio movió la cabeza en forma negativa, luego levantó la vista y con una combinación de asombro y tristeza levantó sus hombros y dijo. – He is still alive! –
La madre de López al escuchar esto apenas alcanzó a dibujar una pequeña sonrisa en su cara cuando el terror se apoderó por completo de sus expresiones... se había dado cuenta lo que significaba que su hijo siguiera con vida después de esa sesión de 480 Volts.
López había perdido el conocimiento diez segundos antes de que la segunda sesión terminara, sin embargo lo recobró cuando el frío estetoscopio del médico se posó sobre su pecho, dio un sobresalto y su respiración nuevamente se hacía mas corta. –Dios mío todavía estoy aquí... ¡¡¿Por qué me haces esto?!! – Pensaba de manera entrecortada pues le afectaban pequeñas explosiones de Luz que sentía dentro de sus ojos cerrados. Sus ojos estaban tan apretados que en esas luces que creía ver podía asimismo ver reflejadas las venas y arterias de sus globos oculares. Ese era el único sentido que aún le funcionaba. Sus pies y sus manos casi no los sentía y un escalofrío cruzaba su espalda como si un repentino ataque de fiebre le cayera encima. Le resultaba dificultoso respirar pues sus narices estaban cubiertas de sangre reseca y su boca caliente estaba casi sellada por la mordaza de cuero.
- Please señor, mi hijo... my son! No le haga más daño por Dios Santo!, Don't hurt him more, he has suffer too much, ha sufrido mucho por favor, please!! – López escuchaba decir entre llantos a la mujer mientras de rodillas le rogaba al Jefe de Policía.
- Sorry Madame, is the law – dijo el aludido, gritando ahora con un tono nervioso en su voz – Prepare the 2450 Volts again! –
López escuchaba solo por el oído izquierdo, el derecho ya no funcionaba.
- Go ahead! – Gritó el jefe de Policía y el gendarme volvió a accionar la mortífera maquinaria la que ahora hacía bajar ostensiblemente la potencia de toda la iluminación del lugar.
Los espasmos volvieron por tercera vez al cuerpo de López, y en su mente se sucedían solamente todas y cada una de las caras llenas de terror de sus víctimas, así como sus cuerpos mutilados y golpeados, desnudos sobre la tierra, entre matorrales o sobre las cajas de un callejón. Ahora López rezaba en su interior, tratando de hallar una pequeña laguna de calma entre tan terrible sensación que volvía a activar un dolor horroroso en cada uno de sus sentidos.
López aguantaba su respiración, como tratando de ayudar a sus verdugos a cumplir su tarea. Estaba decidido a terminar lo antes posible con esta macabra experiencia, la única salida a tan terrible tormento era definitivamente la muerte la cual ahora deseaba terminantemente.
De pronto un calor extraño comenzó a recorrer su cuerpo, subiendo hasta transformarse en insoportable, sus testículos punzaban y su pene erecto, casi a punto de reventar le provocaba un dolor inexplicable, que lo sacaba por completo de su decidida determinación de dejar de respirar. Sus venas se hincharon mas de lo normal y su cuerpo comenzó a humear en forma casi exagerada. Las uñas de sus manos se iban despegando de sus dedos y saltaban, partidas en toda su extensión resecas y amarillentas seguidas del inevitable sangramiento de los dedos. Todo se detuvo y ahora, sin ninguna señal, el gendarme a cargo del switch, nuevamente cambió el voltaje para 480 volts y aplicó inmediatamente la descarga complementaria no sin antes recibir una señal de asentimiento por parte del jefe de la Policía.
Los dolores de la descarga se proyectaron todos juntos y se mantenían en el cuerpo de López quien semiconsciente ya no tenía voluntad para evitar espasmos pues su cuerpo no respondía, los dedos le ardían y el calor que sentía que subía por su espalda finalmente llegó al cuello subiendo lentamente a su cabeza, un dolor que lo hizo gritar se apoderó de sus ojos y seguidamente éstos explotaron en sangre hirviente que corría por debajo de la correa que los cubría. El dolor y la desesperación le hicieron perder el conocimiento, sin embargo su cuerpo, entregado a los efectos de la electricidad, seguía sacudiéndose incansablemente, mientras que una flama rojiza y amplia apareció por debajo del casco que cubría su cabeza debido a la inflamación de sus cabellos. Nuevamente López flotaba alrededor de sí mismo y observaba todo lo que sucedía.
Sin duda que la sesión se había extendido más allá de los reglamentarios 22 segundos en esta tétrica repetición y López yacía estático, tenso y humeante en la silla.
- Doctor, confirm again please – Dijo el Jefe de Policía con la voz entrecortada y con un nudo en la garganta, pues el espectáculo era demasiado grotesco incluso para él.
El doctor volvió a entrar a la sala, ahora los brazos de López no tenían bellos, todos se habían chamuscado, Esta vez el doctor trató de no tocar el cuerpo de López, que sin duda estaba hirviendo, y, consecuentemente los líquidos de su piel se evaporaban por los poros emitiendo un olor a grasa capilar que se confundía con un rancio olor a carne quemada que salía de otras partes de su cuerpo y de su cabeza. A la vista de cualquiera, López estaba humeando.
Todos los asistentes estaban prácticamente petrificados de impresión algunos con la vista hacia los muros para no ver tan dantesco espectáculo, rodeado de un silencio tenso que esperaba las palabras del médico. Los periodistas asistentes habían dejado de dibujar después de la primera sesión, y casi sin pestañear miraban hacia la silla eléctrica. Todos parecían espectadores de una película de horror que, de haber sabido, no la habrían presenciado.
Mientras López aún humeaba los vapores de su cuerpo y su cabeza, también sangraba por diversos lugares aunque la sangre rápidamente se coagulaba producto de la temperatura. Ubicado a un costado, y, como observando a una persona querida y en desgracia, el doctor puso su estetoscopio en el pecho de López, luego de moverlo de un lado para otro, tragó saliva, levantó la cara y miró al Jefe de Policía y, antes de hacer cualquier gesto puso nuevamente su estetoscopio en el cuerpo de López, aguardó unos segundos mientras se hablaba a sí mismo – Something is wrong, it cannot be – decía en voz baja mientras meneaba negativamente la cabeza. Estupefacto, levantó la mirada mientras su cara reflejaba angustia y, en forma entrecortada dijo: - His eh Heart is..., eh is still working – retirándose de inmediato de la sala. La madre de López estalló en un llanto inconsolable.
El corazón de López aún latía y fue el dolor de sus ojos el que hizo que recobrara la conciencia. Increíblemente, aún podía oír por su oído izquierdo, su cuerpo se volvió a mover mediante involuntarios espasmos y el condenado ahora lloraba inconsolablemente entre toses y quejidos pues no podía entender qué sucedía. Hubo un silencio levemente interrumpido por el susurro de una conversación entre el Jefe de la Policía y el Gobernador del Estado. Finalmente el Gobernador se acercó frente a su micrófono para decir en forma grave y lenta:
- Under the Nebraska Protocol this thing wouldn’t be possible, just a few days make this possible. In according with this spirit I declare the following: two times he has suffered the 2450 Volts and its complement of 480 volts, he has paid. Get him to the emergency room, if god wanted this, he will decide the day of López's dead, meanwhile he will stay in this prison the rest of his life.-
La madre de López no entendía nada, su inglés era muy limitado para entender. Sin embargo, tres gendarmes entraron a la sala con una camilla y comenzaron a desatar a López. Este no podía creer lo que pasaba, ni tampoco lo que acababa de oír decir al Gobernador, sin embargo todo aquello ahora era confirmado por el odioso comentario del gendarme que lo liberaba por el lado izquierdo, quien le decía al oído: - I don't know how you did it fuckin' monkey, you saved your own life –
López se había salvado de morir electrocutado después de cuatro intentos sangrientos, lo habían llevado en camilla para sus curaciones y ahora podía dormir. Recostado de espalda descansaba y el silencio era total, dormitaba, no soñaba, pero estaba tranquilo.
Sentía frío, tiritaba hacía veinte minutos aproximadamente, y ahora escuchaba venir unos pasos y unas cadenas que chocaban entre sí... – ¡Vamos despierta López! ¡Llegó tu hora! ¡Tienes que pagar por tus pecados! –
López se dio media vuelta, aún no amanecía y veía a tres gendarmes frente a las rejas de su celda.
- ¿Hasta cuándo me molestan? O acaso no quieren entender que el gobernador ha perdonado mi vida ¿Qué les pasa? – Alegó de manera firme.
- ¿Qué gobernador López? – Dijo uno de los gendarmes un poco preocupado
- Yo, yo... yo me salvé, el Gobernador me perdonó la vida, en la silla eléctrica yo resistí, sí dos veces resistí los 2450 Volts y él me perdonó... la vida – decía López como no creyendo lo que decía.
- ¿Cuál silla eléctrica estúpido?, Estamos en México, no hay silla eléctrica, acá hay pelotón de fusileros ¡y es hora que te los presentemos! – dijo el guardia (VER NOTA 1)
- Pero anoche... anoche Uds. me llevaron a la... a la silla eléctrica – decía López ahora con un extraño sentimiento de amargura y con ganas de llorar.
- ¿Anoche? Que terrible pesadilla López, lo siento por ti. A veces Dios pareciera ensañarse con algunos... ¡ah! por si acaso, si logras sobrevivir al pelotón de fusileros como en tu sueño, acuérdate que el oficial a cargo te debe rematar con un disparo en la cabeza... Mala fortuna pueh López, debiste haber matado a esas niñitas en E.E.U.U. –
- Ah! y agradece que no te suceda lo que le pasó al Cura Hidalgo, que lo fusilaron dos veces y luego le cortaron la cabeza- , haciendo referencia al padre de la patria mexicana quien sobrevivió a dos series de tiros y fue necesario rematarlo con tres tiros de gracia para luego decapitarlo y exhibir su cabeza en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato.
- Quizás sería mejor que le llevaras dulces a los muchachos del pelotón, así quizás fallen- le decía el otro guardia entre risas mientras lo esposaba, insistiendo en la alusión al malogrado padre Miguel Hidalgo quien fué fusilado en 1811 sin que antes repartiera dulces entre sus verdugos.
- Lástima que tampoco va a poder poner su mano en el corazón para que los muchachos apunten... te las tenemos que amarrar de todas maneras ja ja jaaa- reía burlonamente el tercer guardia que se encontraba más atrás
López, esposado nuevamente, y sin ninguna de las heridas que hasta ese momento habría jurado haber sufrido, caminaba, con un llanto silencioso, por el pasillo que lo llevaba al patio trasero de la cárcel pública de D.F. Encadenado de pies y manos, con dificultoso caminar pensaba en su inexorable destino, y el terrible castigo de vivirlo nuevamente. Ciertamente entendía que el verdadero castigo no era la muerte, sino sentir que está próxima a ocurrir. Al lado de él un capellán oraba en voz baja.
- ¡Reza por tu perdón!... Arrepiéntete a tiempo hijo de tus pecados cometidos.-
López no decía nada, no podía creer lo que sucedía, sus lágrimas eran el mudo testigo del arrepentimiento que no quería hacer público, él se sentía rehabilitado por la traumante experiencia vivida en sueños, sin embargo su condena no admitía rehabilitación alguna.
La vida es equitativa, y a veces toma caminos muy curiosos para que todos recibamos nuestra porción de alegría, de tristezas, de recompensas y de castigo.

(1) Art.22 legislación sustantiva penal mexicana “Queda también prohibida la pena de muerte por delitos políticos, y en cuanto a los demás, sólo podrá imponerse al traidor a la patria en guerra extranjera, al parricida, al homicida con alevosía, premeditación o ventaja, al incendiario, al plagiario, al salteador de caminos, al pirata y a los reos de delitos graves del orden militar".
Lo anterior nos muestra como la pena de muerte se encuentra vigente en la legislación de México contrariamente a lo que afirman aquellos que aseguran que esta sanción se encuentra abolida en este país, aun cuando en algunos estados la suprimieron siguiendo las reformas hechas a la legislación sustantiva penal de 1929; algunos de ellos la restablecieron posteriormente.

miércoles, noviembre 16, 2005

Amores perros


He decidido comenzar este diario con una pequeña observación hacia los animales, y en particular a los que a diario nos acompañan... los perros. Tanto amor, fidelidad y dedicación nos entregan estos hermanos chicos. Tanto nos enseñan de cómo llevar adelante una relación de amor y fidelidad. No pude negarme a analizar esto cuando mi perro "OTTO" se mandó la cagá de su vida. Literalmente, siendo educado, no aguantó las ganas y se hizo en medio del comedor, mientras tomabamos onces con mis viejos... puf!!, mi vieja lo retó, mi papá le pegó un par de coscachos, mi hermano le dió unas patadas y yo, por supuesto, asumiendo el rol de dueño y encargadao de su educación también lo castigué.
Con lo poco y nada que tiene de cola se fué hacia el jardín, y se metió en su casa. Luego de todo el comentario que quedó por su gracia, me fuí al jardín a fumarme un pucho y ahi estaba él, mirandome con cara de pena, como diciendo: ¿Y por qué no me dejaron un poco abierta la puerta pa ir a cagar?, casi lo entendí, nosotros teníamos la culpa de su "desubicación" y bastó que le hablara un poco y se me acercó para que lo acariciara... lo hice y se deshizo en arrumacos, cariños, festejos, saltos, y más fiesta.-
Qué facil es para un perro poner término a una pelea, a un mal momento o una cagá que se mandó o que se mandaron con él. Qué facil sería para nosotros los humanos vivir esta vida llena de problemas si al frente tuvieramos a personas tan generosas en amor que pueden entender los errores de los demás, y a la vez perdonarlos. Si él fuera humano, no me habría ni ladrado en tres semanas, sentido por la injusticia que cometimos con él, pero es perro, generoso, amable, cariñoso e incondicional a los suyos. Habrá que mirar un poco más a nuestros hermanos mas chicos para superar nuestras odiosidades.
Dedicado a mi incondicional OTTO, que me acompaña a pasear en las tardes y que cuida mi casa, mi familia y a mí durante el día... durante la noche duerme a pata suelta porque estamos todos en casa durmiendo (debiendo cuidar también), en fin nadie es perfecto, ni siquiera los perros.