lunes, noviembre 28, 2005

EL CONDENADO

Come on! ...Wake up López!... Its your time!. You have to pay for your sins. – López despertó, en realidad no lo hizo, solo abrió sus ojos, estaba dormitando, y a media conciencia quizás de lo que se venía. Aunque el inglés le resultaba poco familiar para estas circunstancias, lo entendía bastante bien y cumplió la orden
Estaba desesperado, pensaba en su madre y en la mujer que siempre amó y que nunca lo supo... pensaba en las jóvenes que había tenido entre sus piernas. Una a una se le reflejaban en la mente como una exposición de diapositivas; sus caras, sus gritos, la sangre, el color rosáceo y luego pálido de sus caras, algunas hasta con color violeta en la parte baja de sus pómulos. Como secuencia lenta de imágenes cuadro por cuadro aparecían en su mente las imágenes de los golpes en sus cabezas con una piedra cualquiera o con el martillo que a veces ocupaba.
Recordaba las caras de los familiares de aquellas chicas, los gritos y las amenazas de los padres de sus 23 víctimas... casi escuchaba los insultos de todos aquellos que imploraban su muerte y que seguramente y con ánimo morboso deseaban presenciarla. Ciertamente incluso dentro del centro penitenciario había sido amenazado de muerte por sus crímenes. Todos querían verle morir...
- Its time to pay López... ¡es hora de pagar! – Le susurraba a sus oídos y por la espalda el gendarme que lo estaba esposando.
- Maldito inglés... siempre lo he odiado, definitivamente esto forma parte de mi castigo- se decía a sí mismo
Ya en el pasillo un pastor judío oraba junto a él en murmullos, aunque López era católico, o se decía, lo que ya no importaba. – Pray for your forgiveness! – Decía el pastor ciertamente apesadumbrado.
López guardaba silencio. Demasiado tiempo había pensado en sus crímenes y en la atrocidad que había cometido. Era tarde para pedir perdón, eso no lo salvaría. El curso de los acontecimientos que estaban por venir era ya inevitable para él, estaba resignando a perder su vida y su alma en el infierno.
Había pensado mucho en lo hecho, y en realidad estaba arrepentido o más bien agobiado por una encrucijada mortal y sin salida. Cada una de sus víctimas lo atormentaban en sueños y también cuando estaba despierto. Su despecho por un amor no correspondido, cruel y burlesco era su justificación. Para él todas las mujeres eran iguales... había distintos estereotipos, pero dentro de cada uno de estos estereotipos todas eran iguales... todas y cada una de las que alguna vez lo habían mirado de la misma forma como Isabel lo miraba eran iguales para él. Sensuales, provocativas, desafiantes, prepotentes e indiferentes, todo en una mirada, todas las que miraban de esa forma basaban y variaban su comportamiento en esas cinco palabras... todas eran iguales. Todas hacían lo mismo, se burlaban de él y de otros. Esa era la razón, todas debían sufrir el mismo castigo para que no siguieran desafiando y desconsolando a otros iguales a él, silenciosos, tímidos, respetuosos y tranquilos. Se sentía como el Mesías de los feos, de los sufridos por amor, de los románticos, de aquellos que se sentaban en la última fila de un cabaret, de los reprimidos, de los mal vestidos, de los delgados y pequeños, de los que se abrigan mucho en invierno, que usan la camisa abrochada al cuello y sin corbata, de los que no hacen deporte porque se caen o son malos, de los torpes con las manos y con las palabras, de los inútiles, de los poca cosa. Todo eso era él y de alguna forma su condición de hombre había sido puesta en duda por esa mujer, así como por todas las que eran como ella. López era callado y pensaba mucho, y sin duda existía en él la convicción matemática de que personas parecidas en el exterior, en sus formas y también en sus actitudes, son iguales en el fondo y buscan los mismos objetivos.
Esa conclusión aritmética lo llevaba a encasillar a las mujeres en grupos diversos: Tiernas y torpes; Reprimidas y competitivas; Calladas y bravas; Risueñas y superficiales; Sofisticadas y amables; Hermosas y amables; Arribistas y feas; Depresivas e hiperactivas; Sensuales y tontas; Sensuales y alegres; y por último Sensuales y burlescas. Estas últimas López las odiaba más que a nada en el mundo. La descripción que López hizo de estas mujeres en el proceso despertó una gran discusión psiquiátrica en torno a él y a sus comentarios, que más de uno avaló... él decía que generalmente ese tipo de chicas bebían mucho, no hasta quedar completamente borrachas, pero sí lo suficiente como para ver doble; normalmente eran de pelo oscuro, aunque había rubias, pero muy pocas, de hecho sólo dos de sus víctimas eran rubias. Hablaban como enojadas, no se sabía con certeza si lo que alguna vez decían era broma o burla, si era verdad o mentira... mantenían lo dicho hasta el final y generalmente sus palabras eran la razón de las risas de sus amigas. Como si hablaran en clave, cada una de las palabras de estas mujeres ocasionaba una carcajada entre sus similares, y parecía que las decían en serio. López, siempre vehemente señalaba que en esas ocasiones no sabía si reír o no, era complicado para él, puesto que mantenerse serio era ser antipático sin razón, pero reír de algo que no entendía era estúpido... más aún si se reían de él.
Una y otra vez se repetía en su oído cierta parte de su declaración ante el juez, un verdadero ensayo sociológico, un discurso, que determinó su cordura por sobre el inútil intento de su abogado de hacerlo pasar por enfermo de una especie de esquizofrenia u otra locura: - "Ese tipo de mujeres nefastas de las que he querido advertirles bailan muy bien... pero solas. Rara vez permiten que alguien se les acerque, y si lo hacen, lo provocan con movimientos sensuales, esos pobres hombres se transforman en meras víctimas para ellas, cuando un pobre hombre se les acercan en esos bailes sensuales, ellas los rechazan, los empujan y se enojan..., pero siguen bailándoles, mirándolos a los ojos, provocándolos. Los hombres que alguna vez se han topado con este tipo de mujeres siempre termina en ridículo, gastan un dineral en invitarlas a beber, insisten en tomarlas y bailar de cerca, pero ellas no se dejan, vuelven a armar un escándalo hasta que logran que otro galán, pendiente de ellas también golpee a la infortunada víctima. ¡Estas mujeres Sr. Juez son fatales y peligrosas!... son las que sin mediar razón y sin conocerlas lo miran a uno a los ojos como diciéndolo todo, pero no se quedan mirando, corren la mirada luego de un segundo y se ríen, y así siguen provocando a cuanto hombre las aborde o las mire."
Lo que López describía a muchos hombres puede no importarle, pero a él le afectaba de sobremanera, caía fácilmente en las provocaciones de una mujer, cualquier mirada lo condenaba a la obsesión, y su timidez hacía que precisamente las mujeres sensuales fueran las primeras que él llegara a considerar como posibles conquistas. Por supuesto para una persona tímida le es fácil elegir entre una mujer que lo miró a los ojos y otra que casi ni lo vio pasar... “las mujeres sexys miran a todo el mundo a los ojos, es parte de su atractivo, lo hacen sin querer, por tanto no se quedan con nadie”, eso López no lo sabía, y fue lo que lo condujo a la fatalidad.
Esto último lo concluyó casi por casualidad mientras caminaba esposado y con grilletes por el pasillo hacia su inevitable destino. Lentamente se iba dando cuenta de la equivocación cometida, quería remediar todo lo hecho, pero no había cosa alguna que pudiera remediar el dolor de los familiares de sus víctimas.
Como una luz en su mente, se aclaraba todo, pensaba con cordura y sin odio, y se daba cuenta, ya tarde, de que su concepción podía ser equivocada, y que ignorar a ese tipo de mujeres era lo mejor que podía haber hecho. Hasta se daba cuenta que lo hecho por él era incluso perjudicial para quienes él decía representar. En efecto, su juicio fue particularmente cubierto por casi todos los medios locales y, después de conocidas sus lamentables historias y sus aritméticas clasificaciones y justificaciones, en la sociedad se comenzó a rechazar en cierta medida a todas las personas que tuvieran el mismo perfil existencial de López. De hecho los "López" eran más comunes de lo que se creía, ahora ya no pasaban desapercibidos, pero de ignorados pasaron a ser evitados, sobretodo por las mujeres.
Doble castigo para López, él, condenado a muerte, y los que él decía representar, condenados a la sospecha, la evasión y la burla. Lo peor de todo era que la clasificación errónea de López hacia las mujeres, era precisamente la formula que la sociedad usaba ahora para rechazar a tantos como él, la razón de su condena era la razón para condenar a todos los que eran como él y que tan detalladamente había descrito.
López estaba atormentado, arrepentido hasta el llanto de sus crímenes y horrorizado con la idea de morir, y saber a ciencia cierta cuándo y por qué. De hecho había llorado todas las noches de la última semana, estaba desesperado y deseaba que existiera alguna forma de evitar tan terrible acontecimiento, pero por mas que buscara una solución nada era posible.
- Si tan solo tuviera un mes más de vida, escribiría mi punto de vista, aconsejaría no hacer lo que hice, evitar el contacto con ellas es lo mejor – se decía a sí mismo - A veces la burla y la soberbia de este tipo de mujeres a uno lo enceguece de rabia y termina haciendo cosas lamentables - decía entre dientes mientras caminaba con dificultad por el pasillo. Pero ya era muy tarde.
- Come on... Sit down López! would you like something to drink?... a beer perhaps? – Le decía al oído y en forma burlona el gendarme que lo había guiado hasta la sala mientras le indicaba el lugar donde pasaría sus últimos minutos. Allí estaba, en el centro de aquella sala, el mobiliario más grotesco y fatal que ha existido. Un sillón grande, más que una silla, con brazos y con amarras de cuero por todos lados. Recto, plano, de largo respaldo metálico de medio brillo, casi opaco.
Al frente del sillón había una vitrina grande y tras ella había sentadas unas doce personas, entre ellas su madre, su abogado, el Fiscal que lo acusó, el Juez que lo condenó, al parecer había una autoridad que reconocía por televisión como el Gobernador del Estado de Carolina del Sur, unos periodistas que al parecer dibujaban en sus cuadernillos, el Jefe de Policía de pié y un gendarme frente a un gran switch eléctrico.
Lo sentaron en la gran silla, el frío del metal traspasó las delgadas telas del traje de reo de López, quien se estremeció al sentir en su espalda el gélido respaldo. Sus brazos desnudos sobre los brazos del sillón fueron amarrados firmemente con correas de cuero, al igual que sus piernas y sus pies, los que se encontraban ahora descalzos sobre una plataforma metálica e igualmente fría. López ya no pensaba en nada, le parecía todo dentro de la normalidad de lo que estaba por venir... estaba entregado a su destino, y daba lo mismo la forma en que se desencadenaran los hechos, aunque ellos le aterraban de todas maneras.
Las correas cruzaban sus piernas, sus canillas, sus tobillos, las muñecas, los antebrazos, la caja torácica y su estómago. También en su cara cruzaba una correa que le tapó los ojos y los presionó hacia adentro, obligándolo a su vez, a mantener la cabeza rígida y la barbilla levantada. Lo último que vio antes que le taparan los ojos fue el piso, blanco en cerámica, y las uniones de éste con los muros. No fue capaz de volver a ver a su madre, quien sentada y resignada solo lloraba, no sollozaba ni decía nada, sus lágrimas solo corrían por su morena tez. López no quería llorar, quería aparecer ante los demás como un enfermo, que quedara esa imagen de él, así era más fácil que le perdonaran algún día. Si lloraba iba a mostrar su arrepentimiento, y quizás nunca se le perdonaría pues quedaría la sensación de que sus crímenes habían sido cometidos en conciencia y no bajo la irremediable fuerza de su enfermedad de odio. Tampoco quería aparecer como una víctima del sistema, pues él estaba pagando por lo hecho, aunque pensaba que llegar hasta estas instancias era suficiente castigo para una persona. De hecho, cualquiera que pudiera llegar a vivir lo que él vivía en esos momentos, no volvería a delinquir en su vida, ni sería capaz de poner sus manos encima de ninguna persona. El temor y la impresión que causan la muerte y la certeza de tenerla a cinco minutos es demasiado como para pretender vivirlo dos veces.
Ya con los ojos tapados se escuchó una voz por los parlantes que estaban en la sala:
- Mr. López, do you know why you are here? – Preguntó la voz.
- Sí señor, lo sé – contestó López.
- Do you have something to say before you mouth must be sealed? – Volvió a preguntar.
- Yes sir – dijo López
- Well, go ahead. – dijo la voz
- I will talk in spanish...creo que es lo natural y lo que corresponde... estoy arrepentido de lo que hice mamá, si tan solo me hubiera dado cuenta a tiempo de lo equivocado que estaba, si tuviera otra oportunidad no haría lo que hice, habría mantenido mi rabia y mi impotencia para mí.
- Why don't you say it in english? – Preguntó la voz.
- And why you talk in English?, Nosotros hablamos español señor.- contestó López
- Well, by order of the Judge Jamesson, I proceed to execute his following resolution: "Roberto López M. has been considereted guilty of the crime of murder and violation of 23 women. In corcondance with our laws, he has been condenated to resist and die at the electric chair of the state, with a max. aplication of 2450 Volts in the first time and no longer than 8 seconds. If you resist this charge, you have to repeat the session in according with the legal proceed. This order must be executed by the State's Police Chief". - Leyó el hombre. Guardó silencio por un par de segundos y luego ordenó que sellaran la boca de López – Seal his mouth! –
Otra correa en forma de mordaza, y con un apéndice que le introdujeron en la boca, cruzó la cara de un extremo a otro, inmediatamente hecho esto se le colocó un casco metálico en la cabeza.
El gendarme que le colocaba el casco le decía susurrando –Nebraska Protocol doesn´t rules still – Haciendo referencia al protocolo de Nebraska, el que aún no entraba en vigencia en Carolina del Sur, y que modificaba la forma de ejecución eléctrica a una sola aplicación de 2450 Volts por una sola vez y durante 15 segundos, luego de eso y sin ninguna asistencia médica de por medio, se deja al condenado en espera durante 15 minutos hasta que se verifica su muerte por un médico. Tal protocolo era el tema de conversación de todas la cárceles del mundo pues era una modificación definitiva a la política estadounidense que por muchos años se mantenía de aplicar 2450 Volts en 8 segundos y, seguidamente y al cabo de un segundo, se aplicaban 480 Volts durante 22 segundos mas. Si el condenado resistía esa descarga, el ciclo se repetía por tres veces mas con intervalos de 20 segundos en lo cuales un médico constataba la muerte o supervivencia del condenado, la única manera de sobrevivir a tal tortura era mediante la decisión del Gobernador del Estado quien, debiendo estar presente en la ejecución, podía poner término a la ejecución y perdonar la vida del condenado.
Otra voz masculina se oyó por los parlantes – Chief, you can execute the order.
Inmediatamente se volvió a oír la voz que antes había leído la sentencia de López – 2450 Volts at the first time! – Sin duda el jefe de Policía tenía la orden de ejecutar la resolución, sin embargo, como suele suceder, éste había colocado a un gendarme a cargo del switch en el que se manejaban los instrumentos y el voltaje, y era este último quien recibía las órdenes del Jefe de Policía. Luego de señalar el voltaje, el Jefe de policía esperó unos segundos y, moviendo la cabeza en forma afirmativa dio la orden al gendarme para activar el mortal mobiliario.
López tenía empuñadas sus manos y trataba de "acomodarse" pues las correas le apretaban demasiado, por tanto casi no alcanzó a traducir en su interior la última frase dada por el jefe de Policía cuando en medio de un silencio sepulcral sintió un golpe que tensionó todos los músculos de su cuerpo, el que asimismo comenzó a moverse agitada e involuntariamente. En su cerebro se sucedían, una tras otra, como diapositivas, todas las circunstancias importantes de su vida, desde sus primeros cumpleaños, sus días de colegio, sus vacaciones, sus amores, sus fiestas, sus borracheras, sus amigos, sus padres y una y otra vez sus víctimas, sus muertes, su juicio, su arrepentimiento...
Sus dientes comenzaron a morder el apéndice de cuero dentro de su boca, y su lengua se endurecía provocando la regurgitación de su última cena, caliente, más bien hirviendo, la que, junto a los jugos gástricos llegaban a su boca y quemaban la tensionada lengua. La saliva y todo lo que podía caber dentro de su boca hervían y salían por los costados de ésta en forma de espuma amarillenta.
Su cuerpo, como en trance, no dejaba de agitarse, y las correas impedían que se saliera del lugar en el que estaba tétricamente aferrado.
La fatal descarga duró para algunos una eternidad, como para López, sin embargo no se extendió más allá de los reglamentarios 8 segundos. La madre de López ahora sollozaba ante la impotencia de ver morir a su hijo y la frialdad de la ejecución.
Finalmente la descarga fue terminada y el cuerpo rígido de López dejó de agitarse, como cediendo ante tan implacable atacante, sin embargo el estado de relajación no era total y aún se percibían pequeños temblores como de tersianas que poco a poco fueron menos perceptibles hasta llegar a la inanimidad absoluta. Sus brazos parecían humear, se notaba en ellos que las venas estaban hinchadas y sus puños seguían apretados, señal aparente de que era la única parte del cuerpo que López había podido controlar. La silla humeaba un poco también sobretodo en las partes metálicas, pues comenzaba a evaporarse la humedad de ésta producto del calor generado por la descarga.

- Prepare the equipment and connect him to the 480 Volts! – Dijo el Jefe de Policía solo un segundo después de terminada la sesión.
El gendarme a cargo de los instrumentos ajustaba la potencia de la descarga a los 480 Volts.
Era visible que López aún vivía y, aunque no había perdido el conocimiento, casi no podía moverse y podía escuchar perfectamente el diálogo del jefe de Policía, a pesar del zumbido que tenía en sus oídos. Aterrorizado, pero resignado a su situación se armó de fuerzas para recibir la segunda descarga eléctrica. Su pulso estaba acelerado, su corazón bombeaba sangre y sentía zumbar su cabeza con cada latido, creía que su cabeza iba a reventar antes que le aplicaran la segunda descarga. Sentía su cuerpo temblar por completo, quizás por miedo, pero esto no era visible para quienes lo observaban.
El Jefe de Policía hizo un nuevo gesto afirmativo al gendarme a cargo de los instrumentos y éste bajó el switch que activaba nuevamente la silla eléctrica.
Se escuchó un zumbido, las luces de la sala parpadearon levemente y el cuerpo de López nuevamente comenzaba a sacudirse como si un ataque de epilepsia le afectara. Ahora el condenado emitía un ruido extraño, como un gruñido de quien, entre dientes, soporta un gran dolor. Nuevamente pasaban por su mente todas y cada una de las situaciones más importantes de su vida, como una gran sesión de fotografías a toda velocidad, pero comprensibles asimismo todas y cada una de las imágenes reflejadas en su cerebro.
Su cabeza se sacudía ahora con más violencia que la vez anterior, quizás ahora, abandonada a la falta de voluntad del condenado quien comenzaba a sentir un escurrimiento por dentro de su frente y bajando a través de sus fosas nasales hasta que éstas reventaron en sangre, la que, como una explosión salía disparada de sus narices y luego comenzaba a escurrir por sobre la mordaza que cubría su boca, sin embargo, y debido a la temperatura, se coagulaba con impresionante rapidez, y su color no era rojo fuerte sino más bien de tono marrón.
Sintió un sonido estruendoso en su cabeza y sus oídos también reventaron, primero el derecho y luego el izquierdo, aunque solo del primero corría sangre caliente y humeante.
López seguía consciente, y a esa altura lo único que deseaba era que todo terminara de una vez.
- ¡Maldito corazón! – se decía a sí mismo, -¡Deténte de una vez por la mierda! – .
Su corazón latía muy rápido, al borde de la taquicardia y su respiración, entre inhalación y exhalación era tan corta que no pasaba mas de medio segundo entre cada una. De pronto dejó de sentir dolor y espasmos, a pesar de que la mortal descarga seguía adelante, López dejó de pensar, se detuvieron las imágenes en su cabeza, no había nada, como cuando se apaga un televisor, al parecer ya no estaba en esa habitación.
- Finalmente se cumplieron los 22 segundos exigidos por la aún vigente Ley, nuevamente el cuerpo de López volvió a un estado más relajado aunque no menos tenso y convulsionado en su interior. Ahora se sentía afuera de su cuerpo y, como flotando observaba lo que sucedía en torno a él.
- Doctor, we need a confirmation! – dijo el jefe de Policía
El médico de la cárcel entró a la habitación con un estetoscopio y lo colocó en la zona izquierda del pecho de López, con la otra mano, y por casualidad, tomó el brazo izquierdo del condenado, quizás motivado por la costumbre de buscar el pulso de sus pacientes, sintió que el cuerpo de López ardía, más allá de los 42º por lo menos, observó que algunos bellos del antebrazo estaban a medio chamuscar y que la saliva le salía en espuma rojiza por la boca, lo que para el doctor era señal obvia de que sus encías también se habían reventado. Esa sensación le provocó terror el que inmediatamente se le notó en su cara. Oyendo por el estetoscopio movió la cabeza en forma negativa, luego levantó la vista y con una combinación de asombro y tristeza levantó sus hombros y dijo. – He is still alive! –
La madre de López al escuchar esto apenas alcanzó a dibujar una pequeña sonrisa en su cara cuando el terror se apoderó por completo de sus expresiones... se había dado cuenta lo que significaba que su hijo siguiera con vida después de esa sesión de 480 Volts.
López había perdido el conocimiento diez segundos antes de que la segunda sesión terminara, sin embargo lo recobró cuando el frío estetoscopio del médico se posó sobre su pecho, dio un sobresalto y su respiración nuevamente se hacía mas corta. –Dios mío todavía estoy aquí... ¡¡¿Por qué me haces esto?!! – Pensaba de manera entrecortada pues le afectaban pequeñas explosiones de Luz que sentía dentro de sus ojos cerrados. Sus ojos estaban tan apretados que en esas luces que creía ver podía asimismo ver reflejadas las venas y arterias de sus globos oculares. Ese era el único sentido que aún le funcionaba. Sus pies y sus manos casi no los sentía y un escalofrío cruzaba su espalda como si un repentino ataque de fiebre le cayera encima. Le resultaba dificultoso respirar pues sus narices estaban cubiertas de sangre reseca y su boca caliente estaba casi sellada por la mordaza de cuero.
- Please señor, mi hijo... my son! No le haga más daño por Dios Santo!, Don't hurt him more, he has suffer too much, ha sufrido mucho por favor, please!! – López escuchaba decir entre llantos a la mujer mientras de rodillas le rogaba al Jefe de Policía.
- Sorry Madame, is the law – dijo el aludido, gritando ahora con un tono nervioso en su voz – Prepare the 2450 Volts again! –
López escuchaba solo por el oído izquierdo, el derecho ya no funcionaba.
- Go ahead! – Gritó el jefe de Policía y el gendarme volvió a accionar la mortífera maquinaria la que ahora hacía bajar ostensiblemente la potencia de toda la iluminación del lugar.
Los espasmos volvieron por tercera vez al cuerpo de López, y en su mente se sucedían solamente todas y cada una de las caras llenas de terror de sus víctimas, así como sus cuerpos mutilados y golpeados, desnudos sobre la tierra, entre matorrales o sobre las cajas de un callejón. Ahora López rezaba en su interior, tratando de hallar una pequeña laguna de calma entre tan terrible sensación que volvía a activar un dolor horroroso en cada uno de sus sentidos.
López aguantaba su respiración, como tratando de ayudar a sus verdugos a cumplir su tarea. Estaba decidido a terminar lo antes posible con esta macabra experiencia, la única salida a tan terrible tormento era definitivamente la muerte la cual ahora deseaba terminantemente.
De pronto un calor extraño comenzó a recorrer su cuerpo, subiendo hasta transformarse en insoportable, sus testículos punzaban y su pene erecto, casi a punto de reventar le provocaba un dolor inexplicable, que lo sacaba por completo de su decidida determinación de dejar de respirar. Sus venas se hincharon mas de lo normal y su cuerpo comenzó a humear en forma casi exagerada. Las uñas de sus manos se iban despegando de sus dedos y saltaban, partidas en toda su extensión resecas y amarillentas seguidas del inevitable sangramiento de los dedos. Todo se detuvo y ahora, sin ninguna señal, el gendarme a cargo del switch, nuevamente cambió el voltaje para 480 volts y aplicó inmediatamente la descarga complementaria no sin antes recibir una señal de asentimiento por parte del jefe de la Policía.
Los dolores de la descarga se proyectaron todos juntos y se mantenían en el cuerpo de López quien semiconsciente ya no tenía voluntad para evitar espasmos pues su cuerpo no respondía, los dedos le ardían y el calor que sentía que subía por su espalda finalmente llegó al cuello subiendo lentamente a su cabeza, un dolor que lo hizo gritar se apoderó de sus ojos y seguidamente éstos explotaron en sangre hirviente que corría por debajo de la correa que los cubría. El dolor y la desesperación le hicieron perder el conocimiento, sin embargo su cuerpo, entregado a los efectos de la electricidad, seguía sacudiéndose incansablemente, mientras que una flama rojiza y amplia apareció por debajo del casco que cubría su cabeza debido a la inflamación de sus cabellos. Nuevamente López flotaba alrededor de sí mismo y observaba todo lo que sucedía.
Sin duda que la sesión se había extendido más allá de los reglamentarios 22 segundos en esta tétrica repetición y López yacía estático, tenso y humeante en la silla.
- Doctor, confirm again please – Dijo el Jefe de Policía con la voz entrecortada y con un nudo en la garganta, pues el espectáculo era demasiado grotesco incluso para él.
El doctor volvió a entrar a la sala, ahora los brazos de López no tenían bellos, todos se habían chamuscado, Esta vez el doctor trató de no tocar el cuerpo de López, que sin duda estaba hirviendo, y, consecuentemente los líquidos de su piel se evaporaban por los poros emitiendo un olor a grasa capilar que se confundía con un rancio olor a carne quemada que salía de otras partes de su cuerpo y de su cabeza. A la vista de cualquiera, López estaba humeando.
Todos los asistentes estaban prácticamente petrificados de impresión algunos con la vista hacia los muros para no ver tan dantesco espectáculo, rodeado de un silencio tenso que esperaba las palabras del médico. Los periodistas asistentes habían dejado de dibujar después de la primera sesión, y casi sin pestañear miraban hacia la silla eléctrica. Todos parecían espectadores de una película de horror que, de haber sabido, no la habrían presenciado.
Mientras López aún humeaba los vapores de su cuerpo y su cabeza, también sangraba por diversos lugares aunque la sangre rápidamente se coagulaba producto de la temperatura. Ubicado a un costado, y, como observando a una persona querida y en desgracia, el doctor puso su estetoscopio en el pecho de López, luego de moverlo de un lado para otro, tragó saliva, levantó la cara y miró al Jefe de Policía y, antes de hacer cualquier gesto puso nuevamente su estetoscopio en el cuerpo de López, aguardó unos segundos mientras se hablaba a sí mismo – Something is wrong, it cannot be – decía en voz baja mientras meneaba negativamente la cabeza. Estupefacto, levantó la mirada mientras su cara reflejaba angustia y, en forma entrecortada dijo: - His eh Heart is..., eh is still working – retirándose de inmediato de la sala. La madre de López estalló en un llanto inconsolable.
El corazón de López aún latía y fue el dolor de sus ojos el que hizo que recobrara la conciencia. Increíblemente, aún podía oír por su oído izquierdo, su cuerpo se volvió a mover mediante involuntarios espasmos y el condenado ahora lloraba inconsolablemente entre toses y quejidos pues no podía entender qué sucedía. Hubo un silencio levemente interrumpido por el susurro de una conversación entre el Jefe de la Policía y el Gobernador del Estado. Finalmente el Gobernador se acercó frente a su micrófono para decir en forma grave y lenta:
- Under the Nebraska Protocol this thing wouldn’t be possible, just a few days make this possible. In according with this spirit I declare the following: two times he has suffered the 2450 Volts and its complement of 480 volts, he has paid. Get him to the emergency room, if god wanted this, he will decide the day of López's dead, meanwhile he will stay in this prison the rest of his life.-
La madre de López no entendía nada, su inglés era muy limitado para entender. Sin embargo, tres gendarmes entraron a la sala con una camilla y comenzaron a desatar a López. Este no podía creer lo que pasaba, ni tampoco lo que acababa de oír decir al Gobernador, sin embargo todo aquello ahora era confirmado por el odioso comentario del gendarme que lo liberaba por el lado izquierdo, quien le decía al oído: - I don't know how you did it fuckin' monkey, you saved your own life –
López se había salvado de morir electrocutado después de cuatro intentos sangrientos, lo habían llevado en camilla para sus curaciones y ahora podía dormir. Recostado de espalda descansaba y el silencio era total, dormitaba, no soñaba, pero estaba tranquilo.
Sentía frío, tiritaba hacía veinte minutos aproximadamente, y ahora escuchaba venir unos pasos y unas cadenas que chocaban entre sí... – ¡Vamos despierta López! ¡Llegó tu hora! ¡Tienes que pagar por tus pecados! –
López se dio media vuelta, aún no amanecía y veía a tres gendarmes frente a las rejas de su celda.
- ¿Hasta cuándo me molestan? O acaso no quieren entender que el gobernador ha perdonado mi vida ¿Qué les pasa? – Alegó de manera firme.
- ¿Qué gobernador López? – Dijo uno de los gendarmes un poco preocupado
- Yo, yo... yo me salvé, el Gobernador me perdonó la vida, en la silla eléctrica yo resistí, sí dos veces resistí los 2450 Volts y él me perdonó... la vida – decía López como no creyendo lo que decía.
- ¿Cuál silla eléctrica estúpido?, Estamos en México, no hay silla eléctrica, acá hay pelotón de fusileros ¡y es hora que te los presentemos! – dijo el guardia (VER NOTA 1)
- Pero anoche... anoche Uds. me llevaron a la... a la silla eléctrica – decía López ahora con un extraño sentimiento de amargura y con ganas de llorar.
- ¿Anoche? Que terrible pesadilla López, lo siento por ti. A veces Dios pareciera ensañarse con algunos... ¡ah! por si acaso, si logras sobrevivir al pelotón de fusileros como en tu sueño, acuérdate que el oficial a cargo te debe rematar con un disparo en la cabeza... Mala fortuna pueh López, debiste haber matado a esas niñitas en E.E.U.U. –
- Ah! y agradece que no te suceda lo que le pasó al Cura Hidalgo, que lo fusilaron dos veces y luego le cortaron la cabeza- , haciendo referencia al padre de la patria mexicana quien sobrevivió a dos series de tiros y fue necesario rematarlo con tres tiros de gracia para luego decapitarlo y exhibir su cabeza en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato.
- Quizás sería mejor que le llevaras dulces a los muchachos del pelotón, así quizás fallen- le decía el otro guardia entre risas mientras lo esposaba, insistiendo en la alusión al malogrado padre Miguel Hidalgo quien fué fusilado en 1811 sin que antes repartiera dulces entre sus verdugos.
- Lástima que tampoco va a poder poner su mano en el corazón para que los muchachos apunten... te las tenemos que amarrar de todas maneras ja ja jaaa- reía burlonamente el tercer guardia que se encontraba más atrás
López, esposado nuevamente, y sin ninguna de las heridas que hasta ese momento habría jurado haber sufrido, caminaba, con un llanto silencioso, por el pasillo que lo llevaba al patio trasero de la cárcel pública de D.F. Encadenado de pies y manos, con dificultoso caminar pensaba en su inexorable destino, y el terrible castigo de vivirlo nuevamente. Ciertamente entendía que el verdadero castigo no era la muerte, sino sentir que está próxima a ocurrir. Al lado de él un capellán oraba en voz baja.
- ¡Reza por tu perdón!... Arrepiéntete a tiempo hijo de tus pecados cometidos.-
López no decía nada, no podía creer lo que sucedía, sus lágrimas eran el mudo testigo del arrepentimiento que no quería hacer público, él se sentía rehabilitado por la traumante experiencia vivida en sueños, sin embargo su condena no admitía rehabilitación alguna.
La vida es equitativa, y a veces toma caminos muy curiosos para que todos recibamos nuestra porción de alegría, de tristezas, de recompensas y de castigo.

(1) Art.22 legislación sustantiva penal mexicana “Queda también prohibida la pena de muerte por delitos políticos, y en cuanto a los demás, sólo podrá imponerse al traidor a la patria en guerra extranjera, al parricida, al homicida con alevosía, premeditación o ventaja, al incendiario, al plagiario, al salteador de caminos, al pirata y a los reos de delitos graves del orden militar".
Lo anterior nos muestra como la pena de muerte se encuentra vigente en la legislación de México contrariamente a lo que afirman aquellos que aseguran que esta sanción se encuentra abolida en este país, aun cuando en algunos estados la suprimieron siguiendo las reformas hechas a la legislación sustantiva penal de 1929; algunos de ellos la restablecieron posteriormente.