Textos de un Ropero Olvidado I
Llegué a Talca a trabajar hace seis meses, y para vivir arrendé de ocasión una casa vieja que se encuentra alejada del centro de la ciudad. Estaba limpia, pero sin habitar hacía tiempo, despintada, con el jardín maltrecho y el patio con unos frutales medios secos.
Tenía algunos muebles viejos que, si quería podría botarlos tal como me dijo el corredor. Entre ellos un viejo ropero...
Al revisarlo en su interior tenía dos cajas, una con adornos de navidad, loza barata, y fotos antiguas y la otra, más grande, con dieciséis cuadernillos forrados en papel verde musgo y con flores secas en su portada, salvo el último, llenos en manuscrito, numerados y fechados, comenzando en el número 23 y terminando en el número 38; un auténtico diario de vida donde alguien dejó impresas sus experiencias y que, sin embargo, olvidó, o abandonó por alguna razón.
Llamé al corredor para devolver lo encontrado y me señaló que al dueño de la casa no le interesaban esas cosas, porque no eran de él sino de la anterior arrendataria, quien habría fallecido hacía 3 años.
Entonces los asumí como míos, los leí, guardé y disfruté de sus textos durante los siguientes dos meses. De él transcribiré una sucesión de hechos que ubicaré en el mismo orden en el que los fui descubriendo.
A continuación lo que encontré en sus últimas páginas:
Lunes 21: A veces, cuando me mira a los ojos, siento que aún no ha olvidado lo que le hice.Aunque su cama está al lado de la mía, a veces, cuando suspira, parece que quisiera estar en otro lado pues su resoplo suena a tristeza, o a resignación frente un destino ya decidido.
Jueves 24: Hoy desperté a media mañana, y me percaté que se había acostado a mi lado, me pareció que tenía pesadillas, temor, tristeza..., mucha tristeza. En silencio lloré, tratando de no despertarlo. A medida que ha pasado el tiempo, y esta enfermedad ha avanzado, me siento mas sensible, las penas y culpas de otros tiempos se están haciendo presente.
Sábado 26: Me cuesta creer que él, de alguna forma, sepa o presienta que estoy en estado terminal. Sin embargo, desde que se declaró esta infernal enfermedad, él, en silencio y sin aún saberlo, esta más cerca mío. Ya no me pide el cariño que antes me exigía, sin embargo está constantemente pendiente de lo que hago, dónde voy y donde me quedo.
Martes 29: Mis pulmones ya no dan más, si me muevo un poco me duele toda la espalda. Pero eso es obvio en esta enfermedad, lo más triste es que hoy, cuando me cambié de lado en la cama, emití un pequeño quejido, y él llegó raudo a mi habitación, me cuestionó con la mirada, y como no le dije nada, se dio media vuelta y salió de la habitación. Está pendiente hasta de mis quejidos, pero su mirada me afecta, no sé si es pena por lo que le hice o rabia o ambas. Queda claro que no es pena por mi inevitable muerte, no tiene como saberlo.
Viernes 1: Hace dos noches que en silencio revisa la casa antes de acostarse y en silencio se levanta temprano en la mañana, come algo y sale al jardín un rato. Ya no espera a que yo me levante como antes, cuando juntos flojeábamos hasta tarde en los días que yo no trabajaba. Ya no se despide cada noche antes de dormir como lo hacía antes. Ya no me saluda cada mañana como si hubiese vuelto de un gran viaje...
Sábado 2: Hoy cociné albóndigas, que sé que le encantan, y mientras comíamos, él, como siempre terminó primero que yo, luego de eso se fue a su sillón favorito y no me quitó los ojos de encima hasta que me levanté de la mesa. Cuando lo hice, rápidamente se acercó, pero yo ya estaba de pié, me miró nuevamente y volvió al sillón.Su mirada me quema, como si me increpara por lo que le hice aquella vez. Me mira como esperando que le diga algo, como enjuiciándome... No necesito otro juicio, me basta con el que tendré después de muerta...
Martes 5: Hoy recibí carta de Elena desde Constitución, me cuenta que ha estado con dolores de huesos, que el invierno arrecia y que ha escaseado la leña, por lo que pasa casi todo el día acostada tratando de calentar sus pies, que se enfrían muy seguido. También me contó que Emilio vino para su cumpleaños y que la llevó a pasear a Quivolgo donde alojaron el fin de semana, lejos del barro de su casa.
Miércoles 6: La carta de Elena me tuvo con pena todo el día, siempre tan oportuna por naturaleza, o inoportuna a propósito en sus comentarios. Me tenía que hablar de Quivolgo, me duele mucho revivir esos días, y no tengo fuerzas para llorar como debería, para abrazar al David como antes y pedirle perdón aunque no me entienda, es obvio que no me va a entender, pero necesito hacerlo.
Sábado 9: Por fin salí de esa fiebre que me tuvo botada durante dos días... David se alegró de nuevo al verme levantada, no sé que habrá comido en estos días. Dudo que vuelva a sentirme con tanto ánimo como hoy, por eso maté el ultimo pollo que me quedaba y me comí una gran cazuela. Por supuesto el mas feliz era él, que no dejó ni los huesos. Aún así su mirada, pese a su actitud, refleja tristeza.
Domingo 10: No he parado de pensar que cada día que pasa estoy más cerca del adiós definitivo, no he sido mala en mi vida, eso creo, y al único que me toca pedirle perdón es al David, me da tanta pena dejarlo solo, qué va a ser de él. Me mira como esperando una explicación. Cuando volvió aquella vez, solo le abrí la puerta y le di un plato de comida, ni siquiera me percaté de lo herido que estaba con lo sucedido, pese a que era evidente. En un principio supuse que era suficiente con admitirlo otra vez, después dejé que durmiera en mi pieza, junto a mí, pero ahora creo que nada de eso ha sido suficiente. A veces creo que está aquí porque es su obligación, presiento que no me ha perdonado y ahora yo, a las puertas del infierno, solo tengo ese temor...Cómo lo hago para pedirle perdón?...
Martes 12: No me siento muy bien, me levanté un rato y me sentí mareada, siento que me queda poco, debo arreglar esta congoja que siento por él, antes que mi alma quede en pena, en este mundo de mierda que tan pocas alegrías me ha traído.
Miércoles 13: Hoy ha sido el día más feliz de estos últimos tres años. Cuando desperté David estaba sentado frente a mi cama, esperando a que me levantara, en cuanto lo vi me dieron unas ganas locas de abrazarlo. Le pedí que se acercara, y con la humildad que solo él tiene se acercó despacio y puso su hocico en mi rodilla. Lo abracé le pedí perdón por haberlo ido a botar a Quivolgo hace 3 años atrás, cuando se declaró mi enfermedad. Aunque sé que no me entendería, le pedí perdón por abandonarlo a su suerte, creyendo que era mejor dejarlo solo que acompañando a una mujer moribunda, condenada a la muerte. Lloré mucho, porque todos estos días me he imaginado cuantas desventuras tiene que haber pasado durante los dos meses que demoró tratando de volver a mi casa... a su casa. Lloré con fuerzas porque cuando volvió, lo hizo con sus patitas rotas de tanto caminar, cojeando, todo sucio y más viejo y yo, encerrada en el odio de mi injusta existencia, no lo atendí, y apenas le di comida y agua. Lloré con sollozos, porque mientras lo hacía, él, como si estuviera emocionado, me lamía la palma de mis manos y luego ponía su carita en ellas para que lo acariciara, quejándose como de alegría y pena a la vez... Lloramos juntos y nos reconciliamos después de tres años de agonía. Luego de eso salió y volvió con su correa, me pareció buena idea, y sin preocuparnos de mis dolores y de la hora, salimos por Las Rastras a dar un paseo, como cuando ambos éramos más jóvenes y buscábamos, cada uno por su lado, algún amor furtivo en quien cobijarse... En la tarde llegamos y comimos albóndigas con salsa, que tanto le gustan a él. Me siento feliz, siento que me ha perdonado, que me quiere como siempre me quiso, que ha olvidado esa pena, me mira y mueve su cola, vimos las noticias acostados en mi cama, salió a dar su vuelta nocturna, se acercó y se despidió antes de dormir, como antes, y ahora duerme plácidamente en su cama, que puse más cerca de la mía esta vez.
Jueves 14: No puedo escribir, he llorado todo el día, David amaneció muerto, acostado tal y cual como quedó anoche... Era viejo igual que yo, y se las arregló para abandonarme antes que yo lo hiciera de nuevo con él, ahora a mí me toca sufrir el abandono y la desesperación de reencontrarlo. Solo esperó a decirme que siempre me quiso, esperó a que yo le dijera que también lo quería. Se murió el mejor amor de mi vida, quien me quiso a pesar de todo, quien me cuidó todos los días que estuvo conmigo, quien me perdonó y volvió a acompañarme a pesar de mis ofensas. Nunca te voy a olvidar David. Nunca voy a olvidar tu mirada gris y café de tus ojos de lobo blanco.
Esto es lo último que aparece escrito en el último tomo disponible. Por la fecha y circunstancias, parece ser que su dueña decidió correr hacia la eternidad tras su amado compañero esa misma noche...
Revisando hacia atrás, hace unos días encontré el siguiente párrafo en el tomo número veintisiete:
Sábado 25: “Hace dos días que veo revolotear en mi jardín a un cachorro blanco, bien peludo y desordenado, parece un lobo chico, tiene un ojo café y el otro gris. Hoy le dí un poco de agua y una albóndiga que me sobró (aún cocino para Armando y luego me doy cuenta que él ya no está conmigo).
Domingo 26: “Al parecer el cachorro ha decidido quedarse y acompañarme en esta primera primavera de viuda que me toca vivir. Ja ja, tengo un nuevo marido que me cuide, se llamará David, en honor a David Bowie, pues tiene los ojos de distinto color, igual que el cantante que con tanto volumen escuchaba Armando.”

4 Comments:
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Amigo Hans; Esos "diarios de vida" son en su conjunto un relato trepidante y hábilmente escrito. Esa mujer seguro tendría más y otras cosas ya escritas. Interesante.
¿ Cómo se llamaba ?
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Quiero decir más correctamente
¿ cuál era su nombre ?
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Anders: La protagonista aún no tiene nombre, porque en sus diarios ella no se identifica (quiero ver hasta dónde puedo estirar este recurso) y efectivamente habrá situaciones muy intensas que van asociadas a las distintas realidades históricas que le ha tocado vivir, sin tener una posición política o una visión social determinada, objetivamente sufre o disfruta de diversas realidades, se trata de una mujer solitaria, peleadora, inflexible, conflictiva pero dulce y complaciente en la intimidad. Luego aparecerán algunas experiencias de lucha, rabia, amor no correspondido y odio encarnizado y situaciones adolescentes y otras infantiles terribles que ella recuerda en los primeros tomos. Quiero transmitir la historia de esta heroína anónima, con un gran amor propio, generalmente coherentes con la moral, aunque a veces claramente crueles e inhumanos.
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Yo creo que ya este es un relato acabado( corto, digamos ). Al margen que lo quieras "estirar" con el personaje, pienso que tal como está en el comportamiento de la mujer y su "diario", es un cuento bien logrado, precisamente -o quizás exclusivamente- por la "escritura" de su diario.
SALUD
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