viernes, diciembre 02, 2005

imberbe...

Era fin del verano, tenía 17 años, y fui a ver a mi polola que había llegado del veraneo... la saludé y me dió un beso muerto, de esos que pueden ser en la boca, pero sin ninguna contracción muscular que permita darle vida y forma al ósculo.
No era necesario ser muy inteligente para darse cuenta que algo no andaba bien... aunque luego me daría cuenta que TODO estaba mal.
-¿Cómo estuvo la playa?- le pregunté
-Bieeen!, lo pasamos super bien...- contestó
-mmm, ¿lo pasamos?- cuestioné suspicaz, como creyendo saber para donde iba eso
-Sí... mi familia, mis amigas, mis amigos y yo...- respuesta obvia, que me dejó como un tipo... digamos suspicaz...
La pregunta de oro, la que pensaba daría pié a una serie de recriminaciones hacia nuestra relación, no me llamó en un mes y medio, yo no sabía dónde estaba, con quien y hasta cuándo, y ella, pudiendo ubicarme no lo hizo, tenía rabia contenida, como para explotar, como para vomitarle un par de chuchadas por ser tan mala mujer... y le dije
-¿Me pusiste el gorro?- puf!, debí haberle preguntado si me echó de menos, pero ya estaba tirada la interrogante, y la verdad es que ya no aguantaba rodeos.
-sí- dijo sin esfuerzo, de manera inmediata, sin tapujos, directo al corazón, como cuando entra un cuchillo en una torta de mil hojas, suave, rompiendo todo a su alrededor, pero entrando igual con facilidad.
Y yo, imberbe aún, sin experiencia en este tipo de eventos, traté de llevar adelante el tema con madurez... y espeté
-¿Con marcelo y con quien más?- gil, amermelao, sabía hasta con quien me iba a traicionar y seguia ahí, como perro faldero esperando un cariño, una muestra de amor, algo.
-Con Cristián NN...- (no diré el apellido para no herir susceptibilidades)
Pues ahi estaba yo, soportando una obvia ruptura, recibiendo toda la artillería de quien, definitivamente, no quería verme más... y se suponía que yo estaba enojado, que era yo el que la iba a castigar con una ruptura, y me imaginaba camino a su casa cómo iba a llorar de desesperación cuando le dijera que era el colmo, que no lo soportaba y que esto llegaba hasta ahí.
Sin embargo, imberbe aún, debía ser digno, ella no quería nada conmigo y yo no quería nada con ella, pero no iba a permitir que esto pasara unicamente porque ella no quería, no señor, no le iba a dar el gusto de dejarme abandonado, ponerme los cuernos y luego botarme como algo desechable, ahora las cosas se ponían mas complejas, era un escenario imprevisto... que imberbe, jujando juegos de dignidad con el amor.
-ah, que bien, yo te dije antes que te fueras a la playa que lo pasaras bien, me parece correcto que disfrutes de la juventud y del verano, los amores de verano son importantes en la vida de una persona y como no duran mas que eso, no afectan una relación con sólidas bases como la nuestra- ni yo me creía lo que decía. Qué estaba haciendo ahí, mendigando cariño, porque era cierto que la quería, era mi primera polola, era la primera mujer linda que me miraba a los ojos, pero no era menos cierto que ella no me quería, por lo menos eso parecía. Y sin embargo ahi estaba, esperando su reacción. Definitivamente fué un balde de agua fría para ella. No se esperaba que yo casi le dijera "no importa, sigamos adelante". Y me contestó:
-Uno de ellos me gusta harto- Ahora tenía cara de pena, como diciéndome, por favor ándate, pero yo estoico, casi como si fuera un juego insistí:
-Bueno recien vienes llegando de la playa... si hoy en la mañana estabas allá, en el transcurso de la semana se te va a pasar- fin del tema, ella no fué capaz de decirme a la cara "terminemos, ya no te quiero", y yo, no quise darme por aludido y seguí como si nada hubiera pasado, hasta que tres semanas después me llamó por teléfono en la mañana y me pidió que la fuera a ver a una hora en especial, mas temprano que de costumbre, cuando ella estaba sola en su casa.
No alcancé a decir hola cuando practicamente vomitó en mi cara:
-Estoy embarazada- tenía la misma pena en su cara, como que me imploraba que me fuera de ahí, que entendiera que no me quería hacer daño.
En quince segundos de silencio pensé muchas cosas, pero la más importante era lo que iba a decir
-Durante un año te he respetado lo suficiente como para que nada de esto nos sucediera, jamás te he puesto un dedo encima, ¡¡y en un mes te entregas al primer hueón que pasa por el frente tuyo!!!- tenía rabia, pero también pena, no solo por ella, sino también por mí, volvía a quedarme solo, y con mis atributos difícilmente conseguiría otra mujer que me quisiera ver a los ojos.
-Quien es el padre- pregunté
-Cristián NN- respondió. Yo lo conocía, la rondó por seis meses y siempre estuve cerca para que no se acercara tanto, pero allá en la playa, sola, las cosas fueron distintas.
-Bueno, ojalá que te vaya bien, y deja en claro en tu casa que yo jamás te toqué por lo que ese hijo no puede ser mío- me dí media vuelta y me fuí
-Yo aún te quiero- me dijo entre lágrimas y con voz quebrada, pero yo no me detuve, no me dí vuelta... solo seguí caminando. Mientras lo hacía me sentía triste, pero a la vez triunfador, imberbe..., creía que había dado un golpe maestro de dignidad y hombría.
Seis meses después me encontré con su hermana con quien conversé un rato, me dice que ella estaba muy enferma, que le encontraron cáncer en la zona de la pelvis, que su embarazo ha sido muy complicado y que seguramente le sacarán su guagua antes de lo esperado porque su enfermedad está muy avanzada.
-A veces, en sueños, o cuando está dopada pregunta por tí, dice que le gustaría verte, pero cuando está lúcida se ha negado a dar tu número de teléfono, y dice que no es cierto que te quiera ver- Quedé petrificado, se me hizo un nudo en la garganta y no sabía qué decir.
-No creo que sea sano ir a verla, sería casi como ir a burlarse de su estado, prefiero que no.- Fué lo mas sensato que creí decir... y hacer... imberbe, la quería tanto, y me negué a ello.
Su hija nació el día de mi cumpleaños, tres días después se casó con el padre de su hija para darle legitimidad y mientras ella estaba postrada en la clínica, dos días después falleció.
Sus amigas me dijeron que hasta el último día de su vida preguntó por mí, que lloró y dijo mi nombre cuando se casó, en fin, yo nunca la fuí a ver, y en realidad nunca la dejé de querer... imberbe, sufrí por ocho años una viudez que me merecía por imberbe, por condicionar un cariño, por querer ser digno no reconocí mi amor, y por todo ese tiempo anduve por los rincones de mi vida llorándola y escribiéndole poemas de amor...

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

envidio sanamente la sutil, redacción, me empapo de ideas al leer, y palabra que voy leyendo, mas me encanta seguir leyendo.

10:00 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

excelente amigo, magnifiko, realmente dan ganas de seguir leyendo, vale por lo escrito. adios

4:36 p. m.  

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